Rechazó lo que le aconsejó José María Aznar de España; se apartó del camino de los europeos; del de la mayoría de las naciones de América; del repudio universal hasta de premios Nobel como José Saramago y decidió cambiar el voto de los últimos años de la Argentina en la ONU condenatorio de la dictadura de 44 años del marxismo de Fidel Castro en Cuba. Lo pasará hoy a una «abstención». Se lo aconsejaron Raúl Alfonsín y Néstor Kirchner, su candidato. Alfonsín reniega de casi su único mérito histórico, la defensa de los principios democráticos. Kirchner satisface su tendencia juvenil, que había ocultado para captar votos moderados, aunque tiende a perderlos día a día y esto lo habría llevado -a Duhalde también- a buscar sumar los de la izquierda que tenía Elisa Carrió. En el duhaldismo consideran que tiene mínima chance de entrar segunda para llegar a un ballottage -lo cual es cierto- y entonces conviene pegarse a Fidel Castro y ver si logra Kirchner sumar los votos de izquierda que pudiera cobijar la Carrió. También pretende ganar votos ahora desde una posición izquierdosa procurando aglutinar votos contra Carlos Menem y Ricardo López Murphy.
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Una de sus encuestas le dice que 75% de los argentinos estaba contra la guerra con Irak y que eso podría ser interpretado como antinorteamericanismo. Un análisis muy peculiar, sin duda. Duhalde desprecia a Estados Unidos y en su desesperación por mantener poder elucubra cualquier política. Es penoso.
Además, cayó en el artilugio de Lula Da Silva, que lo llamó por teléfono. Lula quiere ser pro norteamericano dentro de su país para gozar de la ayuda del Fondo Monetario Internacional, que se la brinda en cuotas. Pero para «mantener imagen» se presenta como antinorteamericano en el exterior, para seguir siendo aspirante a caudillo de las izquierdas de fuera de Brasil. A Lula le costaba poco mantener la abstención porque ya era posición de anteriores gobiernos, aunque ahora sea más grave no condenar la violación de los Derechos Humanos en Cuba cuando se ha detenido a 75 personas simplemente por ser «opositores» al régimen y fusilado con juicio sumario a 3.
Duhalde confía en apoyos futuros de Lula cuando piensa que no los recibirá del español Aznar, tras alinearse éste con George Bush y Tony Blair.
Es tal la simpleza de gobernante de Duhalde -potencia- da por sus afanes de continuismo de poder de cualquier maneraque tampoco entiende que, al fusilar opositores 12 días antes de ser evaluado el humanismo de su gobierno por la ONU, Fidel Castro busca que en una nueva repulsa se fortalezca su frente interno, donde se multiplican los opositores.
El paso dado por el duhaldismo es grave, gravísimo. Fija una posición del país sin consultar al Parlamento cuando le correspondía, ya que él no es un presidente electo sino designado.
También tiene la arrogancia de disponer medidas así porque se va dentro de 40 días y no le corresponderá negociar todos los problemas que deja al próximo gobierno con acreedores de Estados Unidos y Europa. Pero será un estigma que siempre le reprocharán a Duhalde y que alarma hoy a varios de sus funcionarios, que se preguntan: ¿quedar estigmatizados por esta locura para gozar de 40 días más de poder...?
Cabe confiar para la Argentina que el resto del mundo, que se horroriza con los crímenes cubanos, entienda que el duhaldismo fue un azote de paso para el país, peor que el estallido de la crisis económica que él también trajo al defaultear a la principal provincia argentina cuando la gobernó.
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