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Duhalde ingresará hoy en el patio de San Dámaso de la mano del secretario de Culto, Esteban Caselli, quien consiguió que Carlos Ruckauf no viaje a Roma y le ceda a él el sombrero de canciller por unos minutos. Irá todo de negro, igual que Chiche y Eva (una de las hijas del matrimonio, la que estuvo internada en un convento), según las prescripciones de Carlitos Mao, el valet del Presidente, que integra la comitiva (también están en Roma sus dos voceros, Carlos Ben y Luis Verdi, junto al jefe de la Casa Militar, Carlos Carbone).
Bajó la performance de Caselli en estos raídes condecorativos.
A Carlos Menem y sus comitivas les conseguía hasta títulos de la nobleza «nera» (simbólicos, son los grados que otorga el Papado, vestigios de la antigua monarquía vaticana). Eran otros tiempos. Duhalde no volverá duque. Apenas si se llevará del Palazzo Apostolico una medallita bendecida, que le dejarán en el casillero del hotel «Parco dei Principi». «Para qué vamos a exaltar a gente que él nos trae y después él mismo termina denunciando en la Justicia», dijo un sacristán amigo de «Cacho» en San Pedro.
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