"Misión cumplida, jefe." Así, casi con entonación castrense, Juan José Alvarez, actual ministro de Justicia y Seguridad de Eduardo Duhalde, informó a Carlos Ruckauf el resultado de lo que, como todo el mundo supone, fue una operación deliberada: el acoso a Adolfo Rodríguez Saá en Chapadmalal y su consecuencia inmediata, la renuncia del puntano a la presidencia. Alvarez también conducía la Policía en aquel momento y fue el encargado de comunicarle reiteradamente a Rodríguez Saá que «no puedo garantizar la seguridad del lugar», es decir, del chalet donde el Presidente debatía con varios gobernadores de provincia. Ruckauf ya se había movilizado en su helicóptero, con Ramón Puerta y Carlos Rovira a bordo.
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Estos hechos, en boca de varios testigos desde entonces, complican especialmente a los protagonistas en estos días. Sobre todo desde que en el duhaldismo comenzó a verificarse una migración inquietante hacia Rodríguez Saá. Carlos Ruckauf se reunió con «el Adolfo» esta semana y, al parecer, lo hizo sin avisarle a Eduardo Duhalde, lo que lo obligó a dar una explicación tras otra sobre su movimiento. Sería dramático para él quedar a mitad de camino, saliendo de lo de Duhalde, pero sin llegar al refugio de Rodríguez Saá, donde lo consideran una pieza central de la conspiración que provocó la caída. Además, a él la opción de correr hacia Carlos Menem le está vedada. Lo mismo que a su mano derecha Esteban Caselli, quien explicó en su momento (antes de declarar contra su antiguo jefe riojano en la causa sobre presunto contrabando de armas) que había cambiado a Menem por Ruckauf porque «yo le soy leal al que me da trabajo». Duhalde tiene un amigo íntimo, y funcionario, que le recuerda a cada rato esa declaración y le recomienda: «Cuidate, Negro». Caselli ya hace esfuerzos para introducirse en el entorno del puntano, ofreciendo como siempre sus contactos en el mundo eclesiástico.
Hay traslaciones menos complicadas, fáciles de justificar. Es el caso de Felipe Solá, quien acaba de declarar que «Menem y Duhalde» deberían abandonar la vida política. El diagnóstico completa el pase de Teresa González Fernández y un dato de vida familiar: Felipe no se quiere divorciar, la sigue a «la Colorada». Mejor para «Toco», el decisivo hermano de la primera dama bonaerense, que le tomó cariño a su cuñado.
Un caso similar al de Solá es el del intendente de La Matanza, Alberto Balestrini, quien sirve de hombre de contacto para Rodríguez Saá dentro del duhaldismo. Es lógico que juegue de manera enérgica, aunque públicamente prefiere no definirse todavía: debe competir con Alberto Pierri, y ambos buscan lo mismo, presidir la Cámara de Diputados de la Nación.
En cambio Julio Alak, alcalde de La Plata, puede manifestarse menos ansioso. El también estuvo con Rodríguez Saá, pero se manifestó prescindente. Primero, porque no tiene una oposición que lo acicatee en su distrito. Segundo, porque prefiere participar del juego provincial secundando a Solá en una fórmula de gobierno. Finalmente, porque es uno de los peronistas que no dio todavía por liquidada la posibilidad de un relanzamiento de Carlos Reutemann.
¿Qué une a estos tres dirigentes? No la adhesión a Rodríguez Saá o a cualquier otro candidato, sino la voluntad expresa de alejarse de Duhalde. El Presidente lo advirtió claramente y por eso los convocó de urgencia a su despacho. A los tres en distintas ocasiones les mostró encuestas, les dijo que el apoyo a José Manuel de la Sota había sido un error y que le den tiempo, que en un par de semanas habría un pronunciamiento general del PJ bonaerense en favor de Rodríguez Saá. Duhalde quiere disimular lo evidente: comienza a haber decisiones políticas que no cuentan con su autorización, inclusive dentro de su propio gabinete. Antes de que lo abandonen a él, el Presidente prefirió abandonar a De la Sota, con quien nunca se llevó de maravillas.
• Presión salteña
Si estos movimientos se registran en la provincia de Buenos Aires, en el Norte hay también corrientes similares en favor de Carlos Menem. El vicegobernador de Salta, Walter Wayar, viajará hoy con un conjunto de dirigentes subordinados a Juan Carlos Romero para reunirse con Carlos Menem y Ramón Saadi. Wayar, como la diputada Lelia Chaya o Francisco Cornejo, presiona para que Romero cierre cuanto antes un acuerdo con Menem por la vicepresidencia en la fórmula. El riojano halagó al gobernador salteño proponiendo que los 14 puntos que él propuso como programa mínimo de la transición actual se conviertan en la base de un consenso entre los distintos candidatos a la Presidencia. Pero Romero sueña con que cualquier alianza interna se verifique en un marco más amplio que, en alguna medida, incluya también a Duhalde. ¿Pacto entre Duhalde y Menem? De algo de esto se conversó en la residencia Las Costas, cuando el Presidente visitó Salta hace poco más de una semana. En el acuerdo, todavía muy eventual, se incluiría la participación del duhaldismo puro en el próximo poder partidario del PJ. Datos interesantes en una interna que, atormentada por la volatilidad del voto, atraviesa el momento exacto de las traiciones.
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