18 de diciembre 2001 - 00:00

Duhalde demora cita con De la Rúa. Pidió plata

Ayer Eduardo Duhalde resolvió que sería imprudente reunirse con Fernando de la Rúa antes de tener una imagen clara de los recortes que propone el gobierno en su proyecto de presupuesto. De la Rúa y su equipo consideran que Duhalde tiene la llave para que se apruebe esa ley, al menos en la Cámara de Diputados, donde controla cerca de 60 legisladores. El texto ingresó ayer en el Congreso, pero todavía no está constituida la Comisión de Presupuesto y Hacienda que debe tratarlo. Además, los principales asesores que consultará Duhalde para formarse una opinión sobre las pretensiones del gobierno, Jorge Remes Lenicov y Jorge Matzkin, ni siquiera habían leído anoche la iniciativa. Estas fueron las razones, atendibles pero formales, por las cuales el senador y jefe del PJ bonaerense no quiso ayer concretar su cita con el gobierno. Probablemente el encuentro se produzca entre el jueves y el viernes.

• Fondos

Pero hubo también un motivo más prosaico, casi inconfesable: Duhalde mantuvo ayer una línea directa con Domingo Cavallo, ansioso porque los votos duhaldistas en Diputados, para que se desembolsaran $ 70 millones en LECOP de tal manera que la provincia de Buenos Aires pudiera afrontar un pago a proveedores y completar los salarios de la Policía. Por la mañana, en un primer contacto, el ministro de Economía se manifestó comprensivo con esa demanda. Pero por la tarde todo había cambiado: los recursos no estaban y el rostro de Duhalde se ensombreció. No sólo por las restricciones que comenzó a exponer Cavallo, también por la irritación que le produjo la lejanía de Carlos Ruckauf, el gobernador, quien desde el fin de semana se encuentra descansando en Ushuaia.

Con buen humor, un encumbrado miembro del gabinete denominó la propuesta de Duhalde al gobierno como «la bolsa o la vida». Después se corrigió: «Tal vez sea la bolsa y la vida». Lo cierto es que la pretensión más optimista del gobierno se frustró anoche: esta semana no habrá dictamen de la comisión respectiva para que el presupuesto quede aprobado antes de fin de año. Aun así, las conversaciones siguieron desarrollándose casi en secreto ayer. Colombo habló con el arco peronista y buscó la reunión con Duhalde a través de José Pampuro, el embajador del ex gobernador frente al Ejecutivo. Desde la vereda oficial intervino también, discretamente, Rafael Pascual, quien mantiene lazos estrechos con el PJ parlamentario, sobre todo con Pampuro y también con Eduardo Caamaño, su sucesor al frente de la Cámara.

Es evidente el sistema de presiones a las que está sometido Duhalde. Por un lado, pretende ser la referencia más clara de la clase política contra otro ajuste fiscal. No sólo se reunió con Chacho Alvarez el jueves pasado en el Club San Juan. También tiene pensado encontrarse con Elisa Carrió esta semana. Y hoy su agenda indica una reunión con la cúpula de la Conferencia Episcopal, con Estanislao Karlic a la cabeza.

Por otro lado, el número de diputados que controla Duhalde lo pone en una situación de responsabilidad por la que debe responder, seguramente haciéndose solidario con las restricciones que requiere el gobierno.

En Olivos no estaban tan desorientados cuando, el domingo por la noche, se plantearon una estrategia de presión hacia el PJ para conseguir la aprobación del presupuesto. Colombo y Rafael Pascual aconsejaron allí al Presidente y a Cavallo exponer ante los diputados una opción de hierro: «O se convierten en cómplices del ajuste o se convierten en cómplices del colapso». Ayer el mensaje llegó, junto con el presupuesto, a la cúpula peronista de diputados (Caamaño, Humberto Roggero, Matzkin), quienes al parecer quedaron muy inquietos con el mensaje, según se comentaba anoche en la Cámara.

Este problema que enfrenta el peronismo y que mortifica a Duhalde quedó expuesto ayer crudamente cuando el senador se reunió con diplomáticos de la Embajada de los Estados Unidos, que le hicieron tomar nota de que desde el punto de vista internacional se valora especialmente el acuerdo político y la continuidad institucional del gobierno. Lo mismo que le transmitió a Ruckauf el embajador James Walsh a fines de la semana pasada, después de advertir que desde la provincia de Buenos Aires se apretaba demasiado el acelerador de la crisis.

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