Madrid (enviado especial) - Llegó ayer Eduardo Duhalde a Madrid, desde la India, adonde viajó acompañando a Luiz Inácio Lula Da Silva. Se encontró con varios amigos en la ciudad: junto a Néstor Kirchner están Miguel Pichetto (presidente del bloque de senadores del PJ), Ramón Puerta y José María Díaz Bancalari. Con ellos lloró sus penas. No las de bonaerense bajo fuego, que desahogaría más tarde, durante la comida. El llanto inicial fue porque perdió las valijas en Barajas, sin saber si no habrán quedado en algún aeropuerto indio. Si bien nunca presta demasiada atención a la etiqueta, anoche se le notaba en el aspecto la dimensión del percance.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
Duhalde, que ahora es también diplomático, se sentó a comer en la residencia del embajador junto a Rafael Bielsa, Carlos Bettini (lo tratan ya como «el embajador», por más que no esté despejada la incógnita de su ingreso a la diplomacia en Madrid), Eduardo Valdés y los legisladores que ya se mencionaron. Estaba también el acongojado dueño de casa, Abelardo Parentini Posse. Mientras se hablaba del laberinto interno, Néstor y Cristina Kirchner comían con los reyes en el Palacio de la Zarzuela.
Para aliviarlo del extravío, los que rodeaban la mesa quisieron darle buenas noticias. Le contaron, por ejemplo, que Díaz Bancalari recibió un reto de Kirchner en el viaje desde Buenos Aires, por alentar internas prematuras. «Decíle a tu amigo Aníbal (Fernández) que se deje de joder con lanzamientos a esta altura», dicen que le dijo el Presidente al «Mono». Duhalde sonrió pero con algún escepticismo: él escuchó de boca del propio ministro del Interior que la postulación para la gobernación está conversada con Kirchner. Después de todo, tiene razón «Paco» Louzón, del BSCH: «Hay que aprovechar el 2004, con indicadores económicos como no se verán por mucho tiempo».
Duhalde aguarda poder encontrarse hoy con Kirchner, con la misma excusa de siempre, hablar de la «unidad sudamericana» (es un tema tan etéreo que le garantiza reuniones hasta que llegue 2007) que pretende Itamaraty. Claro, como ex presidente él sabe que la agenda de Kirchner en Madrid es asfixiante. Sin embargo, quiere encontrar un instante aunque más no sea para interiorizarse de dos detalles. Uno, a qué se debe la agenda de dos actos por semana en el conurbano que ha organizado el Presidente, con una mega concentración en La Matanza, el 19 de febrero. Otro, por qué, si él le encomendó a Alfredo Atanasof estudiar una reforma política, desde la Casa Rosada se alienta a que esa tarea la lleve adelante Felipe Solá con el candidato Fernández. Duhalde no quiere ir más allá de estos enigmas. Pero muere por preguntar si es cierto que, de refilón, la causa por las presuntas coimas del Senado podría tocar a algunos encumbrados diputados que le responden y que en aquellos tiempos de Fernando de la Rúa ocupaban bancas decisivas.
Dejá tu comentario