3 de enero 2002 - 00:00

Duhalde-Menem ¿la nueva fórmula?

Disfrazando de virtud la necesidad, Carlos Menem ordenó ayer un repliegue completo de sus fuerzas. Primero, volteó la cumbre del consejo nacional de PJ, ya con los telegramas enviados, a la que habían convocado Eduardo Bauzá y Rubén Marín para la mañana de hoy. No obstante lo cual fue emitido un documento de apoyo a Eduardo Duhalde. Segundo, sumió a la conducción del partido que formalmente ha tomado el gobierno con Duhalde para perfilarlo con un ariete opositor. La consigna que repitió Menem en sus interminables conversaciones telefónicas con hombres como José Manuel de la Sota y Carlos Reutemann intenta remontar las rencillas personales: "No puede ser que Duhalde venga a negociar con los peronistas de las provincias y del Congreso con un acuerdo cerrado con los radicales y el Frepaso y a amenazarnos con que si no lo apoyamos estamos contra el país".

Con este lema, Menem, que anunció que no aparecerá por Buenos Aires hasta la última semana de enero, comenzó a agrupar en torno de la presidencia del PJ a los gobernadores de todos los colores del peronismo con la sola excepción de Néstor Kirchner -que sigue siendo, pese a los chisporroteos, un hombre funcional al duhaldismo-. El propósito es reaparecer en febrero a la cabeza del partido, pero acompañado de todos los sectores del peronismo que han quedado desairados con el irresistible ascenso de Duhalde:

Con De la Sota, Menem había cerrado la semana anterior un acuerdo electoral que incluía la apertura de locales de campaña que se alcanzaron a abrir el fin de semana en La Plata y Mendoza. No duraron nada, menos que la presidencia de Adolfo Rodríguez Saá, que arrastró los proyectos electorales.

• Herido

Reutemann, aunque se le atribuyen hombres propios en el gabinete de Duhalde, está herido por las presiones a que lo sometió el ahora Presidente para apoyarlo, pero también que lo forzaron a discutir fiero con los demás gobernadores que se reunieron el lunes en el hotel Conte. Veían en él al hombre que podía pelearle la silla a Duhalde en la Asamblea, pero se bajó con un argumento serio hacia adentro del peronismo: unanimidad o nada. Y unanimidad no había.

Los hombres del Frente Federal ven la presidencia de Duhalde como el infierno tan temido. Siempre pensaron que algún día la provincia de Buenos Aires iba a hacer un armado de dominio que los llevaría por delante. El porteñismo
concentrado que significó la alianza UCR-Frepaso, con un presidente y un vice de la Capital Federal, no es nada para ellos comparado con este gabinete formado por sus amigos de su provincia pese a las simulaciones de apertura a otros distritos. Importa en ese equipo más la procedencia bonaerense que pertenecer al partido. A los "federales" les repite cuando lo han llamado a La Rioja en las últimas horas: "No me hicieron caso, les dije que tenían que poner a un representante del grupo de ustedes por dos años y que ese hombre era Puerta". "De la Sota impidió eso, porque quería elecciones ya", le responden a Menem, que no se convence de eso todavía.

Ese grupo quedó trizado en la movida de Duhalde y ha quedado aislado de su coordinador, el misionero Ramón Puerta, cuya licencia en la presidencia del Senado facilitó la designación de Duhalde como presidente en un país con un duhaldista como Eduardo Camaño de presidente. La arremetida de Menem sobre el duhaldismo pondrá a prueba la integridad del grupo; los interlocutores del riojano de las últimas horas creen que deben dar una prueba de fuerza controlada para mostrar los dientes. Piensan, por caso, en imponerle a Eduardo Menem como virtual vice de Duhalde sentándolo en la presidencia provisional del Senado que mantiene Puerta hasta hoy -pese al anuncio de la renuncia-. Lo curioso es que, si Eduardo renunciara a su banca, asumiría Carlos, con lo que se repetiría la fórmula del '89, pero al revés.

Eduardo Menem
mantuvo siempre una línea abierta con Duhalde, aun en los peores momentos de la relación con su hermano. Pero, desde el último congreso del PJ en Lanús, esa fluidez en la relación se enfrió, en especial, por solidaridad con otro amigo, Eduardo Bauzá, a quien Duhalde defenestró como apoderado del partido con un gesto brutal. " Ya fue", dijo mientras tachaba el nombre del ex senador por Mendoza para reemplazarlo por el ex juez y hoy diputado Jorge Casanovas.

• Regocijo

Sentar a un Menem como vice de Duhalde es un retablo que regocija a los menos eduardistas del menemismo. El senador por La Rioja funcionó como vice de su hermano cuando Duhalde renunció en 1991 a la vicepresidencia, es decir, durante ocho años. Estuvo en un tris de seguir con De la Rúa y ahora tiene chance de volver como pieza del armado de un PJ filo opositor que Menem quiere alzar contra su principal adversario político, que lo mortifica hoy con el solo hecho de ponerse la banda presidencial y decir que no usará la quinta de Olivos.

Este armado opositor que Menem quiere cerrar antes de febrero para lanzar su campaña para 2003 incluye otro sector del peronismo, los «gordos» de la CGT. El riojano quiere explotar la inquina que hoy tienen los hombres de la CGT-Daer con la dupla Moyano-Barrionuevo, a la que atribuyen haber armado el marco de incidentes que rodeó las renuncias de De la Rúa y Rodríguez Saá.
Creen que el objetivo era servir a Ruckauf -a quien llaman en el menemismo ya "Richard Kimball, el Fugitivo"-, en su plan de salir de la provincia de Buenos Aires para no enfrentar un cataclismo, y a Duhalde, en su captura exitosa de la silla presidencial. Por cierto que a estos caciques de la CGT se sumará la liga menemista de sindicatos MOP (Movimiento Obrero con Propuesta) que lideran Antonio Cassia y Oscar Mangone.

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