Duhalde no enviará las leyes del miniacuerdo al Congreso
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• Un punto central del capítulo impositivo es la eliminación de los planes de competitividad que se mantienen en vigencia hasta ahora. El proyecto también fue congelado en diciembre pasado. Allí se incorporó la eliminación de los planes de competitividad que incluían exenciones al Impuesto sobre la Ganancia Mínima Presunta y pagar aportes a cuenta de IVA para los sectores del agro, transporte y medios de prensa y empresas culturales. Los senadores decidieron directamente no tratar el tema ni en la Comisión de Presupuesto y Hacienda ni en el recinto. En ese mismo proyecto se había incluido la derogación de una ley que permitía computar como pago a cuenta del IVA el gravamen que la radio y televisión pagan al COMFER que oscila en 4% de acuerdo a la ubicación geográfica de la emisora. Este punto fue la oposición central de los medios electrónicos al proyecto, ya que los planes de competitividad caducan, de todas formas en marzo de 2003. Ahora deberán volver a negociar.
• Otro cambio impositivo pendiente es la reducción de 35% a 30% la tasa del Impuesto a las Ganancias, al tiempo que se prohibía a las empresas computar ajustes por inflación en sus balances. Así quedó sin definición la situación de las empresas que vieron incrementar los precios de sus stocks por la devaluación o el alza de precios y que deberán liquidar Ganancias por esos incrementos, cuando en realidad no significan un aumento de utilidades.
•Bancos
Algunos por decreto (exportación industrial), otros por vencimientos (competitividad) pero para dar cumplimiento mínimo a algunos de los enunciados del miniacuerdo, Duhalde tendría que recurrir al Congreso -alícuota en Combustibles, por ejemplo-por eso no se entiende que diga «ninguna ley va a ir al Congreso» salvo que se insista con las que ya están allí, aunque congeladas, sin necesidad de «enviar nuevos proyectos». En este tema el Congreso ha sido terminante durante los últimos 12 años. En ningún caso se admitieron los pedidos del Ejecutivo para modificar el status jurídico del Nación (por ejemplo hacerlo sociedad anónima), ni siquiera a través de un esquema de capitalización manteniendo el control estatal. Lo que logró modificar en época de De la Rúa -gestión hábil de Chrystian Colombo-de su carta orgánica es limitarle a un millón de pesos lo que puede prestar solo. Para más ya requería coparticipación en el crédito de otro banco privado. Además no puede ahora prestar a quien tenga pasivo con otro banco. O sea que el Nación no sería problema porque ya tiene límites. Sí son problema el Ciudad, el Provincia de Buenos Aires, y otros bancos oficiales que subsisten en provincias (Córdoba, La Pampa, Neuquén).
No pudo lograr avances Carlos Menem en el período de mayor concentración de poder del bloque peronista, tanto en Diputados como el Senado, y menos Fernando de la Rúa salvo en el Nación. Más complicado sería ahora para Duhalde con una bancada PJ totalmente dividida, con menemistas y adolfistas oponiéndose a cualquier pedido del gobierno. Tampoco sería aceptado un pedido de ese tipo por parte del ARI o el radicalismo por lo que le sería difícil al Presidente establecer un margen de alianzas para cumplir con la sanción de ese proyecto.
En el Senado eran ayer aun más escépticos. «No votaremos ningún proyecto complicado hasta que no haya un nuevo Presidente. Es imposible hoy hablar de pagar costos políticos, cuando estamos en un gobierno de transición y ni siquiera sabemos cómo vamos a elegir al candidato del PJ», decía ayer un santafesino.
En realidad a este gobierno de transición le correspondería -siempre le correspondió- encarar medidas con costo político para aliviar en parte la pesada carga que le deja al próximo. Inclusive porque no cambiará la composición del Congreso hasta el 10 de diciembre. Y no está asegurado que el presidente triunfante tenga fuerza electiva suficiente para lograr pleno apoyo del Congreso por todas las argucias que se están imponiendo para la elección presidencial del 27 de abril.



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