Los brasileños que llegan a Buenos Aires para asesorar en imagen a Eduardo Duhalde todavía no aciertan con un mensaje tolerable para explicar su función. Es lógico: «en casa de herrero...» Primero arribó Joao Santana, el politólogo de la agencia publicitaria de Eduardo «Duda» Mendonça. Ayer lo hizo Mario Rosa, otro experto, quien explicó al diario «Folha de Sao Paulo»: « Voy a actuar en el área de marketing del nuevo gobierno, menos volcado para el periodismo y más para la propaganda». Se suponía que Eduardo Amadeo, el vocero del gobierno, tendría la misión de hacer los trabajos prácticos que los brasileños decidieran en su laboratorio. No que debería cubrirlos, corregirlos: no se entiende bien que el gobierno de un país quebrado, que todavía no tiene ministro de Salud, ya tenga un muy oneroso encargado de « propaganda».
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Si no tienen demasiada habilidad para presentar en público su propia tarea, por lo menos hay que esperar que tengan éxito con la de Duhalde. Es que a «Duda» Mendonça no le fue bien en sus últimos emprendimientos. Por decirlo en términos automovilísticos, «chocó» a su último candidato en San Pablo, el candidato a intendente Paulo Maluf, y no pudo evitar que se hiciera trizas la imagen de otro cliente, Ricardo Teixeira, titular de la Confederación Brasileña de Fútbol que terminó procesado judicialmente y condenado por el Congreso.
Con Duhalde, en cambio, los expertos de «Duda» buscan la revancha de 1999, cuando su «producto» cayó derrotado. Ayer le presentaron al Presidente designado su primera iniciativa: que conduzca un programa de radio de cinco minutos explicando diariamente su acción de gobierno. Cuando eso suceda, se dirá que es « información», no « propaganda», claro.
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