Entre ellos tuvieron poca relación pero se trataron como si se conocieran de toda la vida. Es cierto que Eduardo Camaño, el jefe del subloque bonaerense de la Cámara de Diputados había hecho mucho para alimentar la simpatía mutua. Por eso fue tan cordial el almuerzo que compartieron ayer Eduardo Duhalde y Rafael Pascual y al que asistió Camaño, el intermediario. Fue en el Hotel Alvear, un lugar que a Pascual le hizo recordar los tiempos en que Carlos Corach reinaba en Interior y tenía ese albergue como lugar de citas discretas. En cuanto a la dieta, ascetismo total: los tres pidieron pescado. Es obvio, vienen de campañas electorales y quieren volver a lo que eran antes de haberlas comenzado.
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La reunión tuvo más matices y guiños que definiciones. A Duhalde le resultó halagador que el presidente de la Cámara lo reconociera como líder opositor y que fuera uno de los primeros radicales en saludarlo con ceremonia después de las elecciones legislativas. Camaño también se llevó una alegría del encuentro: es el candidato a heredar a Pascual en la jefatura de la Cámara y ayer el almuerzo sirvió para expresar esa condición. Tanto Duhalde como el radical lo reconocieron en ese rol de candidato oficial del PJ. Finalmente, Pascual también tuvo premio. La foto con el ex gobernador tiene especial valor cuando se está por ingresar al gabinete nacional, como sucederá con el diputado porteño tarde o temprano. Además, los lugares que se prevén para el presidente de la Cámara tienen inevitable vinculación con el PJ: sea el Ministerio del Interior o el de Trabajo.
En la intimidad del almuerzo y, después, delante del periodismo, el flamante senador bonaerense se mostró proclive a ayudar al gobierno en la solución de los problemas. Casi una ironía para una tarde en que los diputados del PJ estuvieron a cinco votos de voltearle los superpoderes a Domingo Cavallo. Después se habló de números: los peronistas dejaron en claro que quieren quedarse con la jefatura de la Cámara. Duhalde, como siempre en estos días, afirmó que defenderá esas prerrogativas con la misma fuerza con que predica que la jefatura del Senado debe ser para un hombre del radicalismo.
• Tesis radical
Pascual no quiso polemizar en la comida por razones de educación. El defiende la tesis de que el cargo que abandonará podría ser retenido por el radicalismo. Y lo hace con argumentos sofisticados. En primer lugar, señala que casi nunca se verificó que la primera minoría sea de la oposición, como sucederá a partir del 10 de diciembre. Por lo tanto, no se puede afirmar que la presidencia de la cámara pertenece a la primera minoría y no al partido del gobierno: todos los presidentes del cuerpo cumplían con esta doble condición. Tal vez una de las excepciones sea lo ocurrido durante el gobierno de Arturo Illia: «La UCR no era la primera minoría pero el PJ le reconoció la jefatura de la Cámara a Arturo Mor Roig», machaca Pascual.
Como si hubiera desarrollado esta tesis se le hubieran dormido en la mesa, prefirió anticipar que la UCR defenderá en una votación la candidatura de Horacio Pernasetti para presidir Diputados. Duhalde aceptó el anuncio pero se mostró confiado en ganar el cargo para Camaño. A propósito de esto: pasado mañana habrá una reunión de diputados peronistas de la provincia de Buenos Aires para postular a ese candidato.
Duhalde, Pascual y Camaño se despidieron satisfechos, demostrando que no existe dramatismo alguno en la pelea en la que están involucrados. Algo que sin duda el gobierno agradece: a Fernando de la Rúa no le luce que se piense que una eventual derrota en la jefatura de la Cámara lo afecta extraordinariamente.
Duhalde tuvo un día hotelero ayer. Un par de horas después se internó en el Holliday Inn del Abasto para asistir a una reunión con Rodolfo Terragno. Concurrió acompañado de Jorge Remes Lenicov y Terragno se escoltó con Daniel Montamat. Los peronistas salieron del lugar sin entender para qué habían sido invitados. Un problema de Terragno con las reuniones: o pierden sentido o se le frustran, como sucedió con la que les solicitó a los senadores radicales para, en su carácter de senador electo, intentar condicionar la política del bloque hasta que él se incorpore, en diciembre. Se la rechazaron.
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