Duhalde quiere congreso PJ para poner candidato propio sin interna
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A alguno de los visitantes, Duhalde intentó sondearlo para que se subiera a ese borrador de fórmula que encabeza en el corazón presidencial el santacruceño Kirchner: «De ninguna manera, sólo sería vice tuyo», le dijo un senador.
Duhalde levantó el belfo y musitó: «Hacés bien, tenemos que ser neutrales, yo tampoco quiero jugar. A lo más que aspiro es a irme por la puerta grande el 25 de mayo. ¿Elecciones el 27 de abril? -siguió dialogando consigo mismo-. Ni lo duden. ¿Internas? ¿Para qué? ¿Acaso no han visto las encuestas donde la gente dice que nadie quiere oír hablar de inter-nas?».
Duhalde dedicó a estas cuitas toda la jornada. Recibió a legisladores, funcionarios y habló con la mayoría de los gobernadores. Lo desconsoló el diálogo con Carlos Reutemann, a quien sigue usando para todo terre-no: el Lole santafesino le respondió que no iba a ir anoche a Olivos, pero tampoco a la reunión de hoy en el consejo nacional para ratificar la fecha de internas del 23 de febrero.
Quienes hablaron ayer con el Presidente sintetizaron de esta manera lo que quiere hacer, según tres proyectos lanzados a buscar fortuna entre los peronistas:
1) el plan de máxima es que un congreso del partido designe la fórmula presidencial sin internas. Es lo que más quiere, pero sabe que es casi imposible que la mayoría de los caciques del PJ sume adhesiones a un congreso que anule el llamado a internas. Significaría un costo político muy alto frente al discurso que sostienen el peronismo y los demás partidos, sobre la democracia interna en el momento de elegir candidatos. Esta idea tiene como principal defensor al senador Luis Barrionuevo, cercanísimo siempre al oído presidencial. Los duhaldistas rabiosos sueñan con que esa designación de la fórmula partidaria por Congreso recaiga sobre el propio Duhalde. Este insistió anoche en que quiere irse a su casa el 25 de mayo y que no será candidato a nada.
2) el proyecto intermedio es que una masa crítica de gobernadores y caciques partidarios del interior avale, junto al Presidente, a un candidato grato a Olivos. Hoy ese hombre es Kirchner, uno de los asistentes al asado anoche en la residencia presidencial. El Presidente lo varea donde puede y le busca un vice; nadie le acepta todavía. Kirchner no mide mucho fuera de su provincia y menos en los distritos por donde le han buscado compañero de fórmula (principalmente el Nordeste). Esta candidatura de Olivos debería confrontar con la fórmula Menem-Romero en las internas del 23 de febrero.
3) El proyecto de mínima, en caso de no poder imponer ni por congreso ni en interna a un hombre propio, es convocar al congreso partidario para que suspenda esas internas y autorice a todos los precandidatos a concurrir a las elecciones generales usando los símbolos partidarios. Esta idea la propuso Romero hace seis meses, cuando se libraban las primeras escaramuzas internas en el PJ. Esa suerte de lemas, que no suma, supondría un acuerdo previo de candidatos para apoyar al peronista más votado en la general en el eventual ballottage. Romero ya ha repudiado este método, que cree superado por la integración de las fórmulas inscriptas en el PJ (Menem-Romero; Adolfo Rodríguez Saá-Melchor Posse). Hoy Duhalde intenta implantar este método porque cree que esmerilará las posibilidades de Menem de imponerse, al obligarlo a competir no sólo contra los adversarios del peronismo, sino también con los adversarios internos.
Busti fue quien ha intentado desalentar a Duhalde de llevar la elección de los candidatos o la suspensión de las internas a un congreso del partido. «¿Cómo voy a ir a un congreso a negar lo que estoy pidiendo en mi provincia?», le dijo al Presidente el día de Navidad, cuando cruzaron saludos por teléfono.
• Culpas
Busti, como los demás contertulios de ayer en Olivos, escucharon la queja principal, hoy de Duhalde hacia Menem, algo que ya usa por encima de las diferencias personales o ideológicas: el Presidente ha comprado in toto el argumento de Roberto Lavagna de que el riojano es el culpable de que no haya acuerdo con el FMI y de la demorada acordada de la Corte que reconocería la dolarización de los depósitos del «corralón».
Con habilidad jesuítica -Lavagna se formó en la clerical Universidad de Lovaina-al ministro de Economía no le ha costado mucho que el Presidente haga suya esta teoría, más funcional que nunca para defender su único proyecto: no entregarle la candidatura del PJ -y mucho menos el gobierno-a Menem.




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