Duhalde sigue designando a íntimos en grandes "cajas"
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Otro bendecido del entorno íntimo del Presidente es Orlando Caporal. Como Rossi, es otro depositario de los secretos e inquietudes del duhaldismo íntimo. Lo designaron al frente del Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos (ORSNA). Como el anterior, este funcionario seguirá haciendo aportes desde su especialidad: pistas. Viene de conducir el hipódromo de La Plata (también está asociado a la fortuna, como Rossi) y pasará a controlar los aeropuertos. Su relación con Duhalde es casi tan cercana como la del hombre de la Lotería. A tal punto que, cuando el actual presidente fue retratado de manera muy poco edificante en el libro «El otro», de Hernán López Echagüe (la obra lo hizo llorar en un programa de TV), fue el ex titular del hipódromo el hombre escogido como abogado. De aquellos días data la versión sobre una supuesta afición de Caporal a las pesquisas, que lo habrían llevado a abastecerse de aparatos de escucha, micrófonos y otras «bijouteries» de los servicios de inteligencia.
En la Secretaría de Transportes, Duhalde amenazó con contrariar la regla. Designó a Elio Cipollatti, de la provincia de Córdoba, quien repetía en el cargo: ya había estado con Domingo Cavallo. Alguien le acercó el nombre al mismo tiempo que le advertía: «Con esta designación vamos a quedar bien con (José Manuel) De la Sota». Pero cuando a De la Sota le sugirieron que agradeciera el «presente», se enfureció: Cipollatti no era propio y alguien lo había, como él mismo dijo entre íntimos, «girado en falso». El equívoco no derivó en una compensación. La provincia de Buenos Aires volvió a ser reivindicada con la designación de Guillermo López del Punta como secretario de Transportes. La llegada de este abogado al cargo se debería, al parecer, al padrinazgo de los dos sindicatos del transporte: el de camioneros (Hugo Moyano) y el de colectiveros (Juan Manuel Palacios). El criterio de Duhalde habría sido tercerizar el área a los gremialistas. Pero, en rigor, López del Punta no necesitaba ese tipo de avales. Los hombres del Presidente, sobre todo los que fueron diputados e integraron la Comisión Bicameral de Privatizaciones, lo conocen a la perfección por su habilidad para la marroquinería.
Tenaz, Duhalde no sólo insiste con la proveniencia bonaerense de su equipo, sobre todo allí donde hay que custodiar o regular grandes masas de dinero. Si bien Jorge Remes había vetado la presencia de Hugo Toledo en el gabinete como secretario de Infraestructura, el «ministro chino» (así lo llamaban en La Plata, por su apelativo «Chandon», referido a sus hábitos de ingesta) clamó por su vocación por la obra pública y consiguió que lo designen asesor en la materia. Pero ahora Duhalde decidió restaurarlo en el cargo de secretario, para lo que deberá sustraerle al Ministerio de Economía la oficina respectiva. Sólo falta el decreto y, para pesar de Remes y de las cámaras de constructores que pujaban por ubicar a un representante, Toledo será el «De Mendiguren» de la obra pública.




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