8 de febrero 2002 - 00:00

Duhalde sigue designando a íntimos en grandes "cajas"

Eduardo Duhalde sigue configurando su gobierno con designaciones que se producen con cuentagotas. La cámara lenta elegida para cubrir vacantes en secretarías y otros organismos clave de la administración parecía obedecer a una lógica comprensible: el poder del Presidente proviene de una designación parlamentaria que lo obligaría a compartir espacios de su gestión con los gobernadores de provincia y otros factores de poder interno del PJ. Por eso, condicionado a reclutar a sus colaboradores entre un plantel desconocido, era razonable que Duhalde se detuviera con lupa ante cada candidato: no serían gente propia, debía tomar precauciones e, inclusive, conocer mínimamente a quienes formarían su equipo.

Sin embargo, ésta no fue la lógica que el presidente designado adoptó para diseñar el staff. En los principales cargos del gobierno, es decir en aquellos donde el funcionario decide sobre grandes masas de recursos del sector público o privado, Duhalde optó por gente de su cercanía, hombres que pertenecen a su intimidad desde hace décadas. En otras palabras, resolvió conducir el gobierno como quien ganó una elección con margen suficiente como para imprimir al elenco una marca muy personal.

• Sinónimo

Si esta tendencia se insinuó ya en los primeros días de la gestión actual, se confirmó y profundizó en las últimas horas. El caso más notorio es el de Jorge Rossi Bolt, un personaje clave del duhaldismo en la provincia de Buenos Aires. Allá fue, durante gran parte del mandato bonaerense del presidente actual, el titular de la Lotería. Desde aquellos tiempos Rossi es, en el duhaldismo y en la clase política provincial, sinónimo de fortuna (en el sentido de «suerte», algo propio de los juegos de azar). De otro modo no se explica cómo lo requerían desde la dirigencia ligada al gobernador y, sobre todo, desde los bloques parlamentarios. No sólo los del peronismo, también los de la UCR y el Frepaso, en donde Rossi tuvo admiradores incondicionales (uno fue el, llamémoslo así, economista Arnaldo Bocco, siempre preocupado por las empresas de juego en el directorio del Banco de la Ciudad de Buenos Aires).

Rossi terminó fuera de la administración pública con la llegada de Carlos Ruckauf a la Casa de Gobierno de La Plata. A diferencia de lo sucedido en casi todas las demás áreas del gabinete, en el caso de la Lotería Ruckauf y, sobre todo, Esteban Caselli quisieron cambios y expulsaron a Rossi. Evidentemente tuvieron otro criterio que Duhalde sobre la idoneidad del funcionario: Rossi está de nuevo en el reino de la suerte llevado por su amigo, ahora en el gobierno nacional.

• Especialidad

Otro bendecido del entorno íntimo del Presidente es Orlando Caporal. Como Rossi, es otro depositario de los secretos e inquietudes del duhaldismo íntimo. Lo designaron al frente del Organismo Regulador del Sistema Nacional de Aeropuertos (ORSNA). Como el anterior, este funcionario seguirá haciendo aportes desde su especialidad: pistas. Viene de conducir el hipódromo de La Plata (también está asociado a la fortuna, como Rossi) y pasará a controlar los aeropuertos. Su relación con Duhalde es casi tan cercana como la del hombre de la Lotería. A tal punto que, cuando el actual presidente fue retratado de manera muy poco edificante en el libro «El otro», de Hernán López Echagüe (la obra lo hizo llorar en un programa de TV), fue el ex titular del hipódromo el hombre escogido como abogado. De aquellos días data la versión sobre una supuesta afición de Caporal a las pesquisas, que lo habrían llevado a abastecerse de aparatos de escucha, micrófonos y otras «bijouteries» de los servicios de inteligencia.

En la Secretaría de Transportes, Duhalde amenazó con contrariar la regla. Designó a Elio Cipollatti, de la provincia de Córdoba, quien repetía en el cargo: ya había estado con Domingo Cavallo. Alguien le acercó el nombre al mismo tiempo que le advertía: «Con esta designación vamos a quedar bien con (José Manuel) De la Sota». Pero cuando a De la Sota le sugirieron que agradeciera el «presente», se enfureció: Cipollatti no era propio y alguien lo había, como él mismo dijo entre íntimos, «girado en falso». El equívoco no derivó en una compensación. La provincia de Buenos Aires volvió a ser reivindicada con la designación de Guillermo López del Punta como secretario de Transportes. La llegada de este abogado al cargo se debería, al parecer, al padrinazgo de los dos sindicatos del transporte: el de camioneros (Hugo Moyano) y el de colectiveros (Juan Manuel Palacios). El criterio de Duhalde habría sido tercerizar el área a los gremialistas. Pero, en rigor, López del Punta no necesitaba ese tipo de avales. Los hombres del Presidente, sobre todo los que fueron diputados e integraron la Comisión Bicameral de Privatizaciones, lo conocen a la perfección por su habilidad para la marroquinería.

Tenaz, Duhalde no sólo insiste con la proveniencia bonaerense de su equipo, sobre todo allí donde hay que custodiar o regular grandes masas de dinero. Si bien Jorge Remes había vetado la presencia de Hugo Toledo en el gabinete como secretario de Infraestructura, el «ministro chino» (así lo llamaban en La Plata, por su apelativo «Chandon», referido a sus hábitos de ingesta) clamó por su vocación por la obra pública y consiguió que lo designen asesor en la materia. Pero ahora Duhalde decidió restaurarlo en el cargo de secretario, para lo que deberá sustraerle al Ministerio de Economía la oficina respectiva. Sólo falta el decreto y, para pesar de Remes y de las cámaras de constructores que pujaban por ubicar a un representante, Toledo será el «De Mendiguren» de la obra pública.

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