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Los cuatro caudillos que le abrieron a la Casa Rosada la puerta del feudo duhaldista comieron el miércoles de la semana pasada en una parrilla de Puerto Madero, en la Capital Federal. Son Alberto Balestrini, intendente de La Matanza; Julio Pereyra, de Florencio Varela; Julio Alak, de La Plata; y Alberto Descalzo, de Ituzaingó. Son los dirigentes a los que les pidió «armar el kirchnerismo en la provincia». Una tarea para la que, al parecer, no cuenta ni con Felipe Solá ni con Carlos Kunkel.
Los duhaldistas festejan esa estrategia. El propio Duhalde sigue jurando que dejó la política (ironiza Kirchner: «Estoy dolido porque me mintió»), como hacía Carlos Ruckauf cuando decía que se convertiría en periodista y todavía le faltaba llegar a la Casa de Gobierno provincial. Sin embargo, el jueves por la tarde, en la sede del PJ bonaerense de la Avenida de Mayo, el ex presidente apareció -jeans, camisa arremangada, zapatillas- para pasar revista a los principales dirigentes de las 8 secciones electorales de la provincia, de tal manera que informen sobre la situación interna de cada comarca.
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