Duhaldistas vs. caceroleros
Un grupo de intendentes y punteros del conurbano que halagan a su jefe, Eduardo Duhalde, autodesignándose, con inoportuno gusto, «los talibanes», amenaza con desembarcar mañana en la Plaza de Mayo con miles de militantes para desplazar a las demás tribus de la protesta. Enojados con piquetes y cacerolazos, les quieren agregar su música a las protestas convocadas pero gritándola con más fuerza que nadie. Podrán tranquilizar el sueño de su jefe pero le agregan una dosis de peligro a la ya alterada convivencia de los porteños.
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«Duhalde es Perón», exageró Manuel Quindimil el martes a la noche en la cumbre del Consejo del PJ bonaerense y arrancó un aplauso. Envalentonado, Quindimil remató el salmo: «Tenemos Duhalde para rato, no lo para ni Dios». El intendente decía esto antes de Menem y antes de Antonio Cafiero.
• Impugnaciones
En Casa de Gobierno, comieron y hablaron con el secretario privado presidencial, José Pampuro. «Hagamos todo con mucho cuidado», aconsejó el ex diputado amparado en que se trataba del mensaje de su jefe.
A esa hora, las previsiones eran fenomenales: reunir a 100 mil partidarios de Duhalde en Plaza de Mayo a partir de las 19 y una vez ganada la histórica plaza vivar al Presidente para que, como Perón, hable desde el balcón.
Ayer, más calmos, el círculo organizador cambió los números. En la oficina de Avenida de Mayo, Curto agarró un lápiz, revisó cada distrito y calculó un tope de 35 mil personas. «En 72 horas y sin recursos es lo máximo que podemos juntar», les dijo a sus colegas de la mesa musulmán.
Ataron el apoyo del Grupo Productivo -un engendro de Duhalde con su ahora ministro José Ignacio de Mendiguren-y los intendentes federales le prometieron una columna propia. Lo demás lo aportará el conurbano.
A la misma hora, algunos ministros medían los riesgos de la movida. «Puede ser una provocación», admitió en diálogo con este diario un íntimo del Presidente y afirmó que recién hoy Duhalde tomará una decisión respecto de la marcha. «La puede frenar moviendo un dedo», confió.
Los organizadores hacen una observación: el plan no es confrontar con nadie -aunque alguno el martes propuso «cagar a trompadas a los zurdos con en el '70"- porque el reclamo de la marcha duhaldista será el mismo que la de los caceroleros.
« Nadie habla de dividir la plaza, ni de correr a nadie», explicó anoche un dirigente, pero otro, con oficina en Casa de Gobierno, usó una imagen menos conciliadora. «Por un lado, estarán las cacerolas porteñas y, por el otro, el conurbano.»
El riesgo está ahí, dicen algunos peronistas y anticipan que la convocatoria puede ser interpretada como una provocación. Eso piensa Solá: anteayer en La Plata, se mostró a favor de la « plaza del sí» aunque aclaró que con « sólo con el peronismo no alcanza».




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