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La alegría de Roberto Lavagna y Guillermo Nielsen obedece a un dato cuyo desconocimiento impide comprender cabalmente el escándalo de las supuestas y al parecer imaginarias coimas reclamadas por algunos senadores: ese «detalle» es que la batahola es un capítulo más en la batalla entre Economía y los bancos y, sobre todo, entre el ministerio y el Banco Central.
«Hacen bien en pegarles a los que traban la negociación con el Fondo, porque verdaderamente está sucediendo eso», le habría dicho Lavagna a un senador ayer, después de leer la versión completa de la tumultuosa sesión de la Cámara. Como publicó este diario, en su reciente visita a Washington los funcionarios de Economía pusieron atención especial en desairar a banqueros. Nielsen, por ejemplo, dejó colgados a los directivos del Deutsche Bank, con Patricio Kelly a la cabeza, al parecer ofuscado por la versión -divulgada por el propio Nielsen- acerca de que los representantes de Alemania ante el Fondo votarían contra el acuerdo con la Argentina. También a Emilio Cárdenas le atribuyeron gestiones «contra la patria», que el banquero del HSBC respondió ayer con una querella por calumnias contra José Luis Gioja. Lavagna aplaudió a Gioja, obviamente.
En rigor, no es la primera vez que el Ministerio de Economía aparece en esta guerra. La senadora Malvina Seguí puso hace tiempo en la picota a los bancos y, principalmente, a la conducción del Central, empezando por Pignanelli y su segundo, Ricardo Branda. Esa senadora no oculta que su famoso informe -el que obligó a José Luis Gioja a llamarla a la prudencia- estuvo alimentado técnica y conceptualmente por Ecolatina. Es la consultora privada de Lavagna, en la que está al frente el hiperactivo Alberto Paz. Desde las oficinas de Pignanelli y Branda no se demoraron en reaccionar: la versión sobre la existencia de un presunto video en el que la senadora Seguí aparece extorsionando a Cárdenas -que el banquero debió desmentir públicamente- si no nació por lo menos se alimentó en uno de los despachos del Banco. Branda sigue las peleas del Senado como si todavía ocupara allí una banca, informado especialmente por su íntimo Carlos Verna. Quienes castigan a Carlos Bercún -al parecer no hay oficina del Estado que no lo tenga como lobbysta o informante: desde el Central y Economía hasta la Jefatura de Gabinete, además de sus servicios a ABA- «le pegan al chancho para que aparezca el dueño», por citar un viejo aforismo de Néstor Kirchner. Cuando Bercún estornuda, Branda y Verna se suenan la nariz.
Sobre el mar de fondo de esta polémica navegan otros barcos que participan de guerras particulares. En los bancos juran que quien se encargó de darle verosimilitud entre periodistas locales a la existencia de presuntas coimas fue Carlos Ruckauf, interesado en torpedear al Senado que lo convirtió en un administrador sospechoso, a raíz de las anomalías denunciadas judicialmente por Juan Carlos Maqueda que afectan a la gestión de «Rucu» como vicepresidente.
Sin embargo la pelea de fondo es la que libran el Central y Economía, con tribus de senadores en uno y otro bando y frente a la que los banqueros se movieron con ingenuidad llamativa. Sin ir más lejos, los llevó por delante Luis Barrionuevo por televisión, con lógica más que pragmática. El sindicalista razonó que «si hubiera habido una coima me hubieran venido a ver a mí, que soy el autor de la ley. Y a mí nadie me vino a ver» y después atacó: «Si la ley no sale de Diputados es porque habrán puesto plata allí». No es ingenuo lo que dijo Barrionuevo: él tiene información acerca de que el ataque contra Seguí se reforzó también desde el despacho de Humberto Roggero, donde querrían desalojar a la tucumana de la Comisión Bicameral de Privatizaciones para poner al frente a un diputado. Como diría el subsecretario Legal y Técnico, Raúl «Locomotora» Alvarez Echagüe: «Hay que cuidar a la nona» (dícese, en el duhaldismo, de la «valija»).
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