4 de abril 2005 - 00:00

EE.UU. no propondrá condena de Cuba en ONU sino comisión investigadora

(Categorización: Imprescindible, Bueno, Regular, Prescindible)

George W. Bush
George W. Bush
Grondona, Mariano.
«La Nación».

Bueno. Logró un enunciado eficiente después de varias semanas Grondona el domingo, para describir lo que él llama «el método del desarrollo». No se trata de una receta económica, sino de una lógica política. Según el ensayista, sólo si los actores del juego político se sienten partes de un todo es posible sustraer de la puja por el poder un denominador común o consenso básico con existencia continua más allá de los cambios de gobierno. Grondona pone a España y a Chile como dos ejemplos de esta forma de vivir la democracia, muy a la mano de la Argentina, aunque el ejemplo no es nuevo.

En cambio, la Argentina, desde los años '30 en adelante, sometió su destino al ciclo de las políticas facciosas. Para Grondona « facción» es una parte que se siente todo y, por lo tanto, condena el destino de la nación al destino del propio grupo. Ese destino es el de la rueda de la fortuna (o la «calesita» que mencionó el cardenal Jorge Bergoglio). Es decir: tiene un momento de ascenso cuando se llega al poder -mientras los desplazados conspiran por la revancha-, una meseta de desgaste por la dificultad para cumplir con los deseos que se excitaron y una etapa de declinación a partir de la cual se inicia, maníaco, el mismo ciclo. Esta dinámica es la que explica, según Grondona, que el crecimiento que se verificó desde el Acuerdo de San Nicolás (un «Pacto de La Moncloa» a la criolla) y el golpe faccioso del '30, haya sido sustituido por el serrucho del estancamiento que revela la economía argentina desde aquella fecha. Si puede tener zonas discutibles desde el punto de vista histórico, la explicación de Grondona no deja de ser sensata y atractiva.

Con impecable estilo, Grondona examina su hipótesis, que es valiosa pero no aporta las soluciones. Estas no son fáciles de elaborar en una Argentina con «habitantes pero no ciudadanos» (Jorge Luis Borges). Habría que analizar la estructura de un país de inmigrantes muy cercanos a la «riqueza» no basada en sus hombres sino en recursos primarios, el peor drama de un país como es el haber conocido el esplendor y decaer, lo que crea resentimiento porque la tecnología desvalorizó a los «productores naturales de alimentos» y mucho más. Al menos Grondona ayudó a entender el problema. Es bueno.

Van der Kooy, Eduardo.
«Clarín».

Regular. El columnista del monopolio vuelve a poner su pluma al servicio de la Casa Rosada como es habitual. No aporta análisis a los lectores, pero sirve para conocer qué es lo que esta semana el gobierno quiere que se crea. Esta vez en el caso Baseotto. Todo el esfuerzo es dar por concluida la «querella de las investiduras» en el manejo de la capellanía castrense. Según el columnista, gracias a una trama de buenos oficios, quedó superado el problema. Es lógico el esfuerzo oficialista de Van der Kooy: no había una guerra peor que la que encaró Néstor Kirchner contra un pontífice como Juan Pablo II que murió en olor de santidad sin que su gobierno vaticano se haya reconciliado con el de Buenos Aires. Para un presidente que busca un ballottage permanente, se trató de un error de cálculo políticamente imperdonable.

Una contrapierna que Van der Kooy haya tenido que incluir su nota en el mismo ejemplar en el cual el monopolio «Clarín» informó que, contra lo que él afirma, llegó finalmente una carta desde Roma en la cual la Santa Sede desconoció la autoridad de Kirchner para remover a Baseotto. En esa nota, cuya existencia el columnista ignora, se habla de que la interpretación que el gobierno hizo de la frase del obispo de «tirar al mar con una piedra al cuello» a quien favorezca el aborto es insostenible. Y manifiesta «sorpresa y profundo pesar ante las medidas decididas unilateralmente por el gobierno argentino, en contradicción con las normas pactadas y con el derecho internacional». Alguien de «Clarín» debería haberle avisado a Van der Kooy de esta carta, aunque salió muy suavizada en relación con el texto originalmente elaborado. El último acto administrativo del pontificado de Juan Pablo II fue desautorizar a Kirchner. El informe de Van der Kooy agregó pocas novedades a lo que se publicó durante la semana acerca de la visita de Rafael Bielsa a Condoleezza Rice y a la política de Economía frente al problema salarial y a la negociación con el FMI. Lo que el gobierno vía el columnista quiere que se crea es: 1) tiene en su poder tres nombres para sustituir a Baseotto, que dejaría la Argentina hacia el Vaticano para más triunfo del gobierno que habría logrado su propósito de consolidarse con la izquierda nativa; 2) la Casa de Gobierno trata de zafar del pedido de Washington por el armamentismo del venezolano Hugo Chávez difundiendo por Van der Kooy que Chile compró submarinos a España, 20 helicópteros a la India y piensa adquirir 16 aviones a Estados Unidos. O sea, si otros se pertrechan... Chávez es inocente. Es ejemplo perverso porque Chile es democrático, tiene un desarrollo social que le permite modificar sus fuerzas armadas sin sacrificios y vive rodeado de dos países que le son hostiles: Bolivia y Perú. En cambio, se sospecha que un Chávez superarmado podría unirse a las FARC colombianas; 3) el gobierno por «Clarín» informa que el embajador estadounidense fue a la Casa Rosada a notificar que su país no pedirá nueva condena este año a Cuba en la ONU sino el envío de una comisión investigadora, algo más difícil de votar en contra que una censura. Interesante estrategia.

Verbitsky, Horacio.
«Página/12».

Prescindidle. Verbitsky intenta también defender a Néstor Kirchner en su polémica con el Vaticano, aunque en su caso presentándolo como ganador de todas las batallas, y tiene razón (ver en pág. 6 cómo venció Néstor Kirchner esta puja). Como Van der Kooy, atribuyó la renuncia del obispo Carmelo Giaquinta a sus críticas al gobierno por el destemplado tratamiento del caso Baseotto, pero omitiendo decir que Giaquinta renunció hace ya cuatro meses por obligación a los 75 años y razones de salud. Toda la nota de este cronista expone el informe detallado que le proporcionó Rafael Bielsa de vuelta de su viaje a Washington (al parecer, el canciller Jorge Taiana, quien habitualmente mortifica a Bielsa a través del columnista, le habilitó esta vez a su jefe el trato con el asesor presidencial Verbitsky). Según ese relato, el gobierno de Kirchner mantiene una profunda diferencia de criterio con el de George W. Bush en la interpretación del peligro que representa Hugo Chávez para la estabilidad política de la región. Es curiosa la volubilidad que la defensa del oficialismo introduce en la pluma de Verbitsky: este domingo terminó defendiendo, mientras tomaba al dictado los dichos de Bielsa, una legislación venezolana que prevé la cárcel por faltar el respeto a los funcionarios desde los diarios. Curioso en alguien que se rasgó las vestiduras por las leyes de desacato que terminó derogando Carlos Menem en la Argentina. Pero a decir verdad, aunque no sea con buenos propósitos en Chávez, es necesario preservar del basureo (como se hizo con De la Rúa) la figura presidencial. Eso no implica silenciar las críticas, pero tampoco respetar aquello que hizo Marcelo Tinelli, hoy autosilenciado y antes exagerado. De la nota de Verbitsky surge un Bielsa desconocido, que casi zamarrea a Rice en defensa no de Kirchner pero sí de Chávez (sobre quien, según el columnista, hasta hizo promesas de comportamiento futuro, como si fuera canciller venezolano). Bielsa es poco serio, acorde con la política exterior de este gobierno. Pero admitamos que los estadounidenses son ingenuos con Kirchner.

Morales Solá, Joaquín.
«La Nación».

Prescindidle. Repite la operación de los otros dos columnistas en esta monotonía oficialista a fin de disimular el efecto político de una carta del Vaticano casi el día de la muerte de Juan Pablo II. «En cadena» con Van der Kooy, informa de la complicación que introdujeron Holanda, Inglaterra e Italia en la relación con el Fondo por la negativa a seguir negociando con los tenedores de bonos que no aceptaron el canje propuesto por Roberto Lavagna. El gobierno parece no entender aún que el Fondo pone traba tras traba para que la Argentina se enoje y prosiga con la agradable sorpresa para Rodrigo de Rato de que le cancelemos los u$s 15.000 millones que aún les debemos. Sería un triunfo del Fondo y de Rato porque, en relación con nuestro menguado PBI (aún ni retornamos al nivel de 1998) la deuda argentina es la mayor exposición mundial del organismo. Y eso no les gusta. Morales Solá también le presta la pluma a Bielsa, pero con más equilibrio que Verbitsky en la discusión con Estados Unidos sobre Chávez. Sin embargo, le tira un cable inapreciable al canciller: dice que, por la relación entre Bielsa y Condoleezza Rice, Kirchner debería evitar que el ministro termine en una modesta candidatura a diputado. Es obvio que se trata de una sugerencia hecha a pedido. Llamativo lo de Bielsa, porque al izquierdista Verbitsky, con los mismos datos, le hizo interpretar que a Rice la dejó knock out con sus argumentos sobre la deuda, Venezuela y Bolivia. Que lo ayuden a alejarse de una candidatura destinada a perder con Carrió y Macri en la Capital Federal, Bielsa lo paga con «datos confidenciales».

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