Washington (AFP, ANSA, Reuters, DPA, EFE) - La psicosis que generaron las advertencias sobre la posibilidad de atentados bioterroristas movió a la población norteamericana a tomar urgentes medidas preventivas; las ventas de máscaras de gas aumentaron espectacularmente y las solicitudes de vacunas contra el ántrax llevaron al único fabricante de la droga en los Estados Unidos a retomar el negocio. Se trata del laboratorio Bioport, que ayer indicó que está debatiendo además la posibilidad de crear una reserva nacional para su inoculación en el caso en que se produzca un ataque bioterrorista.
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Además, dos grupos independientes de expertos en temas nucleares sugirieron a las autoridades proteger a las centrales atómicas que proveen de energía al país con misiles antiaéreos, ya que también son vulnerables a los ataques terroristas. El Instituto de Control Nuclear y el Comité Bridge the Gap enviaron una carta al presidente de la Comisión de Regulación Nuclear, Richard Meserve, en la que alertan de la amenaza extraordinaria y sin precedentes.
Existen seis plagas a las que se les atribuyó la capacidad de provocar estragos en la población, y que según creen los investigadores podrían estar en poder de los terroristas.
• Efectividad
Tularemia, ántrax, peste bubónica, ébola, botulismo y viruela son armas que una vez dispersadas por aire (aerosol), por tierra (plantaciones) o por agua (contaminación) atacarían con efectividad a miles de personas que no están vacunadas contra los gérmenes que las producen.
A esto se suma el alerta lanzado el lunes por la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre la factible utilización de la bacteriología para cometer un ataque terrorista.
Una medida que tomó el gobierno norteamericano también contribuyó al temor. Fue la prohibición del funcionamiento de los 5.000 helicóperos y los 3.500 aviones dedicados a la fumigación desde el domingo hasta ayer, sosteniendo la suposición de que los terroristas los utilizarían para dispersar enfermedades.
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