El peronismo deberá demostrar el próximo miércoles que puede romper el bloqueo que le impone la oposición para sesionar ante la ausencia de explicaciones por parte del gobierno sobre el caso de contrabando de cocaína a España. Pero para hacerlo antes deberá disciplinar a su propia tropa.
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Si el PJ no consigue armar un discurso negociador, corre peligro Eduardo Camaño -específicamente en la sesión prevista esta semana para tratar de ratificar esos tratados internacionales y salvar a tiempo el papelón de no tenerlos listos antes de la llegada al país de Donald Rumsfeld-de sufrir el mismo efecto que Rafael Pascual, cuando ocupó su cargo en el gobierno de Fernando de la Rúa. Ante el rechazo del radical a llevar ministros al recinto -los más pedidos de esos tiempos fueron José Luis Machinea y luego Domingo Cavallo-, el PJ le terminó paralizando la Cámara. Hoy, la UCR más el ARI, provinciales disconformes y los socialistas, pueden perfectamente hacer lo mismo.
Por diferentes conflictos, lo mismo puede pasar en el Senado. Lleva cuatro sesiones intentando sancionar lo que el propio Néstor Kirchner pidió como ley clave: el nuevo impuesto sobre el gasoil. Pero el rechazo a otro aumento y a dotar más fondos a la dupla Ricardo Jaime-Hugo Moyano pudo más. Con ayuda de varios peronistas, los radicales siguen bloqueando la votación.
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