El peronismo juega al fútbol en San Vicente. Intendentes K y renovadores, mezclados en la misma cancha. El PRO se concentra en La Rural para la cena anual de la Fundación Pensar, su usina ideológica, pero no hay —casi— definiciones políticas y Mauricio Macri prefiere hablar de Inteligencia Artificial. La UCR, por su parte, se abroquela en la defensa de las universidades.
El Gobierno entró en una fase de desgaste impensada en el verano.
Mariano Fuchila
La oposición observa de manera pasiva una nueva crisis política del oficialismo deJavier Milei. Es cierto: cualquier comentario, en especial del PJ, sería un alivio para La Libertad Avanza. Le regalaría el golpe fácil. Por eso parece preferible comer asados y despuntar el noble vicio del fulbito mientras miran a distancia cómo el Gobierno entró en una fase de desgaste impensada en el verano. Un desgaste alimentado por factores como la malaria de la microeconomía, la inflación en alza y el Adornigate.
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La combinación derivó en un desplome de la imagen presidencial y de la aprobación de la gestión, al tiempo que reavivó la interna entre el karinismo y el caputismo. Una tregua más frágil que cualquier alto el fuego en Medio Oriente.
Milei se enoja con encuestadores y periodistas. Los mismos sondeos que antes registraban un hándicap envidiable ahora muestran un deterioro. Opina Argentina ubicó a Axel Kicillof por encima del Presidente en imagen positiva. La aprobación del Gobierno cayó al 38% según la Encuesta de Satisfacción Política y Opinión Pública (ESPOP) de la Universidad de San Andrés, mientras que mediciones privadas como Zuban Córdoba hablan de una desaprobación cercana al 65%. Según QMonitor, en el Gran Buenos Aires el rechazo escala al 72%, mientras que en el interior del país la aprobación todavía se mantiene mayoritaria con 51%.
Desde ya, el caso Adorni está arrastrando al Gobierno, pero aun así los hermanos Milei decidieron sostenerlo, con fotos incluida. El abrazo entre el jefe de Gabinete y el Presidente tuvo carga simbólica. La presencia en Vaca Muerta junto con Karina fue otra muestra del respaldo de la semana.
En la oposición creen que el vocero es una suerte de cortafuego. “¿Cuánto más se puede quemar un pollo una vez que ya se quemó?”, ironizaba un peronista. La metáfora de rotisería apunta a un movimiento sencillo: que Adorni se lleve la marca mientras otros pollos —como $LIBRA— siguen girando lejos de la atención pública, asándose al spiedo sin prisa y sin pausa.
karina milei y manuel adorni en vaca muerta
Karina se mostró con Adorni en un viaje a Vaca Muerta.
Dispuesto a resistir, el jefe de Gabinete ensayó otra táctica en la semana: volver al Adorni auténtico. Retomar el tono sobrador y sarcástico del tuitero que arma una falsa pared con algún troll que le deja la pelota en profundidad para la respuesta socarrona. La estrategia incluye también el clásico “Ah, pero ellos…” en referencia al kirchnerismo. Minimizar las acusaciones por el presunto crecimiento patrimonial sin explicación y señalar al adversario. Mal de muchos, como dice el saber popular.
La estrategia en redes es un tubo de ensayo para lo que será el show central de Adorni: su presencia el 29 de abril en la Cámara de Diputados para dar el informe de gestión. Una exposición que derivará en una puesta en escena del jefe de Gabinete y de la oposición. “Compren pochoclos”, dijo Martín Menem, titular de ese recinto. Parte del oficialismo espera que sea el “Adorni Last Dance”.
Es que ese sector de La Libertad Avanza, ligado al asesor Santiago Caputo, salió en las últimas horas con los tapones de punta contra el karinismo. Los diputados Lilia Lemoine y Sebastián Pareja quedaron como blancos principales. Del otro rincón revolearon la defensa del brazo digital a Marcela Pagano y Victoria Villarruel, ambas alejadas del mileísmo.
El episodio se dio en paralelo a otro foco de conflicto: la decisión judicial de citar a indagatoria a varios de estos tuiteros en una causa vinculada a denuncias impulsadas por Sebastián Pareja. El hecho profundizó las divisiones entre quienes respaldan la estrategia del entorno presidencial y quienes defienden el rol de las denominadas “milicias digitales” que impulsaron la campaña en redes.
En el caputismo creen que a Milei “lo tienen secuestrado la hermana y los Menem”, según deslizan desde la primera línea. La conclusión es simple: quieren dar la pelea y demostrar su punto. No importa demasiado si en el camino se llevan puesto al Gobierno.
En el paroxismo de la batalla, con posteos de ida y vuelta, todos acusaban al otro bando de peronistas. Unos sacaban del archivo abrazos con Sergio Massa. Otros recordaban viejos videos de kirchnerismo explícito en tiempos pasados. No habrá más pena ni olvido. Como dice la máxima, quizás todos sean peronistas (pero aún no lo sepan).
La oposición mira
La oposición tomó distancia de los escándalos y la autodestrucción libertaria. El peronismo ensaya algunos desplazamientos tácticos: Axel Kicillof viajó a España con pátina de presidenciable, el kirchnerismo empuja la construcción de Sergio Uñac y Miguel Pichetto intenta ampliar el espacio con dirigentes de menor cartel.
Acaso el PRO se mantiene más expectante. Si La Libertad Avanza (LLA) continúa en la pendiente, podría asomar como una alternativa institucionalista de centro derecha. Sigue el tanteo del terreno, ya que todavía falta para 2027. Por lo pronto, el objetivo inmediato es sostener el gobierno de la Ciudad ante la avanzada violeta, que ya no exhibe en las reuniones políticas a Adorni, sino a Patricia Bullrich.
De todos modos, habrá alianzas obligadas, como en la provincia de Buenos Aires. “Si el peronismo va unido, nos obliga a unirnos, siempre y cuando queramos ganar”, decía una primera línea del PRO en la cena de La Rural.
El macrismo —y también el PJ— mantienen la cautela. Observan que existen algunos puntos políticos favorables al Gobierno, a diferencia del escenario que enfrentó Cambiemos en 2018. “En primer lugar, el peronismo está roto. En segundo, Kicillof se encamina a ser el candidato y eso para Milei es una fiesta porque le ordena la campaña. Y en tercero, nunca fue tan fácil negociar con los gobernadores: te votan todo en el Congreso y no les ponés competencia en las provincias”, analizaban.
En el cuartel amarillo, solo María Eugenia Vidal se anima. En su newsletter "En voz alta", dijo respecto al Adornigate, sin alusiones directas: "No es algo que pase de un día para el otro. Es más sutil. Empieza con pequeños permisos. Con cosas que 'no son tan graves'. Y cuando te querés dar cuenta, ya no estás viendo la realidad como la ven los demás. La ves literalmente desde arriba. (...) El problema no es que existan esos recursos. El problema es acostumbrarse. Porque el poder no te cambia. Te desnuda", apuntó.
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María Eugenia Vidal, titular de la Fundación Pensar, duranta la cena en La Rural.
En lo económico, mientras tanto, aparecen algunas señales mixtas. Por un lado, hay ingreso de dólares vía el campo, el oil & gas y la minería. Un flujo que no impacta linealmente en reservas debido al pago de vencimientos de deuda.
Con ese mar de fondo, el ministro Luis Caputo logró cerrar una semana positiva en el frente financiero: se aprobó la segunda revisión del programa con el FMI que habilitaría un desembolso de u$s1.000 millones, colocó deuda en dólares en el mercado local por otros u$s500 millones y avanza un préstamo con garantía del Banco Mundial y fondeo del BID. La ingeniería apunta a que la compra de divisas engrose reservas y no se vaya por la canilla de la deuda. De yapa, el FMI relajó la meta fiscal, lo que le permitirá a Milei darle algo de descanso a la motosierra.
Los problemas aparecen en otros frentes. La baja de la inflación —bandera central del Presidente— entró en crisis con la suba registrada en marzo y señales de que el índice seguirá rondando el 3%. Al mismo tiempo, persiste la tensión en el empleo y la actividad productiva.
Según datos del Indec, la industria manufacturera registró en el primer bimestre del año su menor utilización de capacidad instalada desde la crisis de 2002. El dato refleja la caída del consumo producto de salarios deteriorados y el impacto de la apertura importadora. Allí las soluciones parecen más lejanas que en el frente financiero.
En paralelo aparecen también cuestionamientos metodológicos sobre algunas estadísticas oficiales. En medio de ese fragor se llegó incluso a situaciones que rayan el ridícilo, como que los ingresos de los trabajadores informales habrían triplicado en aumento a los registrados. En otras palabras, un changarín habría logrado una mejor paritaria que aceiteros o bancarios. Algo similar ocurre con la medición de la pobreza.
Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA, explicó en diálogo con Ámbito que las estadísticas actuales “no son comparables” con las de la etapa previa a Milei. “Cambiaron el termómetro, aunque nadie se dio cuenta”, resumió.
“A partir del cuarto trimestre de 2023 se introdujo en el Indec un cambio para sumar los ingresos no laborales. Antes había un subregistro y ahora se declaran más ingresos. Eso explica alrededor de cinco puntos de pobreza. Si hoy midiéramos así los años de Alberto Fernández, la pobreza no sería del 38% sino de alrededor del 33%”, señaló.
A eso se suma otro factor: la actualización de la canasta. “Aumentaron mucho los servicios y el transporte, pero no se ponderan en la misma proporción. Una familia que hoy necesita $1,4 millones para no ser pobre en 2023 podía comprar más bienes, incluso educación. Si se actualizara correctamente la canasta, una familia tipo necesitaría cerca de $1,9 millones. Eso implicaría unos diez puntos más de pobreza”, explicó.
Según el sociólogo, si se contemplaran esos factores la pobreza estaría “cercana al 40% o 42%” y no en el 28% difundido por el Indec. “En realidad no salió nadie de la pobreza después de la pospandemia; sí de la indigencia. Lo que cambió es la metodología estadística”, concluyó.
El tablero político todavía está lejos de ordenarse. El oficialismo conserva algunas ventajas estructurales y la oposición no logra consolidar una alternativa clara. Pero el escenario ya no es el mismo que hace algunos meses: el desgaste apareció antes de lo previsto y la disputa por el poder dentro del mileísmo empezó a quedar demasiado expuesta.
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