18 de marzo 2003 - 00:00

El duhaldismo deja "okupas" en Energía

La experiencia comenzó, con baja intensidad, en la Cancillería: el gobierno designó a último momento a varios embajadores en representaciones decisivas (la de Brasil, por ejemplo). Ahora los funcionarios en retirada se atreven a más: Eduardo Duhalde y Roberto Lavagna pretenden dejar designados a cuatro de los cinco encargados de controlar el negocio del gas desde el ente regulador del sector durante los próximos cinco años. Son los funcionarios encargados de aprobar aumentos de tarifas, nuevos contratos y auditar la prestación de servicios e inversiones. Para conseguirlo antes de irse, comenzó a manipularse un concurso y se está por designar a los funcionarios prácticamente a dedo. Las incorrecciones llegaron a Tribunales y provocaron la renuncia de uno de los jurados (el ex secretario de Energía Jorge Lapeña). En el ente que controla la electricidad sucede lo mismo: se busca designar hombres que sigan respondiendo al duhaldismo más allá del 25 de mayo. Se los conoce como "okupas". Y eso que, como dice la primera dama, "los Duhalde sufrimos el poder".

El estilo que adoptó Carlos Ruckauf en la Cancillería, consistente en dejar tomadas varias embajadas con designaciones de última hora para controlar con su gente recursos humanos del próximo gobierno, se extendió ahora a otras áreas de la administración, al parecer más rentables. Una de ellas es el Ente Nacional Regulador del Gas (Enargas), donde se libra una batalla administrativa para, con métodos reñidos con la transparencia, dejar ubicados a cuatro de los cinco directores que deben monitorear un mercado que factura entre $ 2.000 y $ 2.500 millones por año. La pretensión de Eduardo Duhalde y de Roberto Lavagna de instalar contra reloj a estos «okupas» está ocasionando más de un chisporroteo. El caso, por ejemplo, ya es materia de análisis en el Juzgado Federal Civil, Comercial y Contencioso Administrativo N° 3 de Lomas de Zamora, a cargo del doctor Gabriel Di Matteo. Parte del mismo conflicto, que amenaza con escándalo, es la renuncia del ex secretario de Energía Jorge Lapeña a integrar el jurado que debe seleccionar a los postulantes a ocupar la vicepresidencia y las tres primeras vocalías de ese ente. Esa dimisión fue dirigida al secretario de Energía, Alberto Enrique Devoto, el 5 de marzo pasado.

En la actualidad, el Enargas cuenta con un solo director, Héctor Formica, su presidente, elegido en observancia del procedimiento que señala la ley (concurso de antecedentes y acuerdo del Senado). El otro director, el ex senador Osvaldo Sala, fue designado mediante un decreto provisorio. Por eso el 30 de abril de 2002 Alieto Guadagni, por entonces secretario de Energía, advirtió la existencia de cuatro vacantes, convocó a un concurso para cubrir los cargos de vicepresidente, primero, segundo y tercer vocal. La comisión evaluadora estaría formada por seis expertos, de los cuales tres tendrían relación directa con el propio Guadagni (dos eran subsecretarios suyos y, el tercero, un vinculado como Pascual Politi). En esa comisión figuraban también el mencionado Lapeña y Herminio Sbarra.

•Postergación

El 11 de octubre pasado, en una resolución publicada el 18 de ese mes, el actual secretario de Energía, Devoto, postergó la realización del concurso por 45 días y creó una nueva comisión. Politi ya no estaba y fue reemplazado por un miembro de la consultora Ecolatina, de Roberto Lavagna: el ingeniero Carlos Llaurado; también apreció integrando el tribunal Ismael Malis, actual director de la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia. La otra innovación en el comité encargado de evaluar a los nuevos directores del Enargas fue la aparición de otro «amigo de la casa», Diego Petrecolla.

Hasta aquí, deslices propios de gente que quiere tener amigos en organismos decisivos, como los que controlan servicios públicos (también existe una historia paralela en el ENRE, que monitorea el negocio eléctrico). Estos organismos serán los encargados de discutir los aumentos de tarifas y los nuevos convenios de concesión durante el próximo gobierno. Esta función, tan apetecible, podría tal vez explicar las desprolijidades que siguen.

•Excusa

El 27 de febrero pasado, Devoto emitió una nueva resolución extendiendo aquel plazo de 45 días hasta el 5 de marzo para que se sustancie el concurso. Esa resolución apareció publicada en el Boletín Oficial (es decir, adquirió vigencia) el mismo 5 de marzo, lo que resulta casi gracioso. Fue la excusa perfecta para, con premura, resolver todo de manera más sencilla y menos cuidadosa. A instancias de la directora de Administración, Marta Zaghini, y del subsecretario de Combustibles, Alberto Suárez Lynch (compinche de Devoto en esta operación), se resolvió abreviar la lista de participantes en el concurso. En vez de 101 aspirantes, quedarían cuatro. Suárez Lynch los habría mencionado delante de algunos amigos: los elegidos por este extraño concurso serían Alfredo Visintini, Ricardo Busi, Santiago Carradori y Hugo Muñoz. Se trata de los cuatro «okupas».

Visintini, consultor ligado a Domingo Cavallo, es un íntimo de Devoto. Busi es amigo de Suárez Lynch y pertenece al PJ bonaerense (se lo consigna, entonces, en la cuenta de Duhalde, no de Lavagna). Carradori es el gerente administrativo del Enargas, propuesto también por Suárez Lynch y sacado de la cantera bonaerense. Finalmente, Muñoz viene de otro sector del PJ: es un mendocino que ya fue director del ente en tiempos en que reinaba Eduardo Bauzá; ahora su padrino es el secretario privado de Duhalde, Juan Carlos Mazzón, quien como se ve no cuenta solamente votos en la interna.

•Renuncia

A raíz de esta manera de resolver la instalación de amigos en los entes de control, renunció Lapeña a ocupar la comisión de selección de directores. Pero el jurado siguió su tarea, sólo que ampliando la lista de candidatos a 20. Cometieron la distracción de no incluir en ese pelotón a uno de los 101 que se habían postulado inicialmente, un técnico de apellido Leguizamón, que fue quien llevó el tema a los tribunales. Pero Duhalde y Lavagna, con Devoto, Mazzón y otros subalternos en las manualidades, siguen su tarea, con la mirada puesta más allá del 25 de mayo, el día en que fijaron la salida del gobierno.

El del Enargas es sólo un caso de los que inquietan las aguas del oficialismo y promete problemas con la administración que surja de las elecciones (en Lotería Nacional y en el ENRE, como ya se dijo, ocurren operaciones similares). Los candidatos parecen ajenos a estos movimientos, sumergidos en la campaña electoral. Aunque Néstor Kirchner, un hombre sensible a todo lo que huela a gas o petróleo, ya avisó al gobierno que una cosa es pactar espacios de poder compartidos con sus padrinos y otra permitir que le dejen instalado un ejército de funcionarios e informantes más allá de la fecha en la que los Duhalde anuncian su regreso a casa con el argumento de que «sufrimos el poder».

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