El duhaldismo se ha convertido en una especie de «mamushka» electoral. Como esas muñecas rusas que esconden versiones más pequeñas de la misma muñeca rusa, interminablemente, el aparato político que manejan el Presidente y su esposa produce un candidato tras otro. Y no por vitalidad electoral sino, al contrario, por una especie de agotamiento que se traslada casi genéticamente a cada uno de sus frutos. Carlos Reutemann consiguió bajarse de la candidatura antes de que le inyectaran el virus. José Manuel de la Sota se convirtió en el «muletto» del santafesino y cayó en la trampa de la que el otro procuraba salir: atrapado por los punteros de Eduardo Duhalde, no consigue convertirse en lo que dice ser, es decir, el candidato de los independientes, de los que no quieren asistir a un choque entre dos trenes. Al contrario, el va encima de uno de ellos sin siquiera manejarlo. A tal punto no consigue emanciparse de Duhalde y seducir al electorado que ya tiene a quien dejarle el asiento si resuelve bajarse antes del siniestro. José Octavio Bordón ya contrató a una agencia de comunicaciones para lanzar su campaña presidencial. Será el «muletto» del «muletto», capaz de heredar la campaña de De la Sota si el cordobés renuncia o de desafiarlo si, como tantos suponen, los demás candidatos resuelven abandonar la interna por falta de claridad en las reglas de juego.
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Bordón, como De la Sota, también quiere ser el candidato de los «independientes», del sentido común, de los que no quieren conflictos. No hace falta aclarar que no es lo mismo que De la Sota. Primero porque «Pilo» ensayará por segunda vez la misma hazaña, que en 1995 tuvo un final poco feliz no tanto para él como para los que lo votaron y lo vieron desaparecer de escena como una imagen virtual. Además, porque tiene un alineamiento distinto que el cordobés en el oficialismo. Bordón consigue fácilmente un respaldo que cualquier candidato envidiaría: el administrador de los pocos recursos que el Estado puede ofrecer a la política, Roberto Lavagna, es uno de los suyos. Acaso su economista si llegara al gobierno. Casi imposible más continuidad con la actual gestión.
A pesar de que aspira a convertirse en el candidato de los «independientes», De la Sota sigue sin saltar el cerco del aparato partidario. Más precisamente, del que domina la provincia de Buenos Aires. El próximo fin de semana Duhalde volverá a ofrecerle su feudo para que se exhiba como candidato: irá a la tercera sección electoral, a Florencio Varela. Allí el intendente Julio Pereyra lo hará subir a un palco para que, rodeado de una guardia de soldados de Duhalde, predique la paz a los televidentes que lo verán por canales de cable especialmente contratados.
Esa disociación entre discurso y operación política comenzó ya a irritar a algunos asesores del candidato. «¿De qué sirve hablarles a los independientes rodeados del aparato más tradicional, donde ya se discute, si la pelea involucra algunas muertes del Gran Buenos Aires?», se preguntaba ayer un dirigente que accede diariamente a la intimidad de De la Sota. A Eduardo Duda Mendonça y su segundo, Joao Santana, les inquieta lo mismo. Estos dos brasileños recibieron al candidato en San Pablo, donde aparentemente el publicista festejaba su cumpleaños (a Duhalde le dijeron, para justificar que no lo recibirían en Córdoba, que se casaba la hija de una amiga de la esposa del candidato, Olga Riutort. ¿Se habrá casado en el cumpleaños de Duda?). Allí discutieron la estrategia a seguir. Además, el brasileño pretende lanzar una campaña publicitaria con avisos testimoniales, en los que además de mostrarse obras hay parientes, allegados o seguidores que hablan de las virtudes del «producto».
Se trata de una experiencia interesante de integración regional porque De la Sota se probará un traje ya confeccionado para Lula Da Silva, el candidato del PT para el que está trabajando personalmente Duda. A este sindicalista ya le pulieron los bordes y hoy se muestra como el candidato a un acuerdo nacional, en el que todos están invitados. Ahora el esquema se importará a la Argentina, y De la Sota se probará la ropa usada de su hermano mayor. Ya lo hizo Carlos Menem en 1999 con la campaña «Menem lo hizo», réplica exacta de la saga «Foi o Maluf que fez» que el mismo publicista había utilizado para el candidato a gobernador de San Pablo un año antes.
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