24 de julio 2001 - 00:00

El Frepaso ya se siente afuera

Apesar de los esfuerzos de algunos frepasistas, como Aníbal Ibarra, la Alianza exhibe una ruptura difícil de recomponer que ha reconocido en parte Darío Alessandro, voz y sombra de Carlos Chacho Alvarez, el propio jefe de Gobierno porteño a su modo («el gobierno no está en la Alianza», dice) y una troupe que se plegó rápidamente a esa visión.

Cumplir el nuevo mandato de Chacho hace que los frepasistas mantengan una Alianza imaginaria que parece definitivamente quebrada el sábado a la madrugada en el Congreso con el voto dividido de la sociedad política, mientras sus propios asociados los abandonan por tandas.

«Se quedan hasta que los echen», sentenció Chacho ya la semana anterior a Juan Pablo Cafiero, ni bien Domingo Cavallo había hecho los nuevos anuncios económicos y los aliancistas comenzaban a redactar un plan alternativo al ajuste que encomendaba el gobierno.

Ayer salió a explicar esa premisa José Vitar, como una actitud que no es otra cosa que el arrepentimiento del ex vicepresidente sobre los portazos de su tropa y el suyo propio que lo autoexilió a un silencio temporal que romperá en cualquier momento.

«El Frepaso va a pelear desde adentro» de la Alianza para que las políticas impulsadas por la coalición « recuperen el rumbo», dijo el tucumano Vitar, uno de los pocos que se comunica persona a persona con el recluido Alvarez.

El diputado se animó incluso a proponer que «si a alguien no le gusta» esa postura, deberá « echarnos» del gobierno. Todo un discípulo. Luego Vitar se tomó tiempo para explicar esa estrategia de permanencia: «La sociedad no ve con buenos ojos las actitudes de renuncia de este tipo» porque las interpreta «más que como gestos principistas casi como actos de deserción», reflexionó, tal cual interpretan los frepasistas que fue tomado el gesto abandónico de su cacique, una encerrona que ahora los ata a la cola del radicalismo más que nunca.

Alianza suspendida

También ayer Darío Alessandro confesó que la Alianza está «en suspenso», tanto como para amortiguar la desazón interna que les provoca a los suyos el desaire del gobierno nacional que no les avisa, dicen, sobre las medidas que adopta o porque no los invita a cenas como la del jueves pasado en la Rosada cuando se terminó de acordar con el bloque radical la ley que finalmente se sancionó destrabando la votación en el Congreso.

Alessandro
también retiene mandatos de Chacho, como el que recibió en una reunión con el ex vicepresidente a quien consultó sobre la disciplina que debía imponer a la bancada frepasista: « Se tienen que mantener en el piso de $ 1.000 para que apliquen cualquier recorte», le ordenó el cacique.

Después de todo parece que el Frepaso, que ha decidido mantener en sus cargos a una veintena de funcionarios, entre ellos al ministro
Cafiero, no se siente acotado por esa situación a recuperar el oficio de opositor que más le gusta. Por acaso insisten en que la medidas económicas adoptadas « no van a servir para llegar al anunciado objetivo del déficit cero porque van a tener un efecto recesivo que en un plazo muy breve van a llevar a un escenario de más déficit con más ajuste».

Incluso el secretario de Empleo,
Horacio Viqueira, compartió la opinión del jefe del bloque, Alessandro, sobre el destino incierto de la Alianza, que justificó « porque hay cuestiones que son casi paradigmáticas, como es nuestro compromiso con los jubilados o con los sectores de los que menos tienen en la Argentina. Esto me parece que es un tema central, y el ajuste avanza en este sentido», opinó el funcionario del gobierno, contra el gobierno.

Todo dependerá tal vez de cuánto dure el round al que desafía el Frepaso, para que cumplimente el divorcio de hecho en la formalidad. Al menos hay un reloj que los mantiene en alerta, el que llega al 14 de octubre, claro.

Sobre el filo de ese cuarto oscuro corre el destino de
Alessandro, quien ya no puede controlar a su tropa en diputados (él se abstuvo de votar la norma contra el bloque que preside) y a quien no parece alcanzarle un acuerdo con Cafiero y Aníbal Ibarra para imponerse. De ese trío que ensaya de conducción del Frepaso, el más ambivalente resulta ser el jefe de Gobierno porteño, ensañado en hacer un vallado a la Alianza en el distrito, como si la coalición a nivel nacional fuera otra. No se explican los propios dirigentes del Frente Grande porteño, a los que anoche intentaba contener Ariel Schifrin -vicepresidente del FG Capital-cómo Ibarra se resiste a alentar la retirada del Frepaso de la Alianza. Hacen la salvedad intangible de que en la Capital es otra la coalición, como pretende Ibarra para mantener a flote su gestión. Los dichos del jefe porteño despertaron la ira de Juan Pablo Baylac. El vocero lo calificó de que «no es serio» y de tener «una mirada voluntarista de la deuda externa».

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