10 de enero 2001 - 00:00

El gobierno brindó en Olivos por la nueva tasa de interés

La noche del martes Fernando de la Rúa invitó a comer, en Olivos, a varios de sus principales colaboradores. Chrystian Colombo, José Luis Machinea, Rafael Pascual, Patricia Bullrich y Jorge «Pupa» Agúndez tuvieron la oportunidad de deleitarse, por enésima vez, con el lomo que se sirve en la casa. Antes espiaron las reformas que Inés Pertiné mandó realizar en el jardín de la residencia. Las lleva adelante María Elina Frers de Bullrich, hija de don Germán Frers, el mítico diseñador náutico. A la ministra de Trabajo le resultó simpático que la estética de la casa estuviera encomendada a una mano familiar.

Las reuniones de personas con tan altas responsabilidades no suelen ser apacibles ni siquiera en verano y de noche. En esa oportunidad volvió a verificarse: en lo mejor de la charla, cuando la baja en la tasa de las LETES y la suba de la Bolsa habían alentado el buen humor de todos, una comunicación desde San Juan interrumpió la mansedumbre. La caída de un puente se había mezclado con un veto del gobernador Alfredo Avelín hasta amenazar con una crisis provincial que aterrizó a última hora en la mesa de De la Rúa.

Propuesta

A pesar de estas peripecias, el Presidente y su equipo recorrieron algunos aspectos de la agenda del momento. Pascual, por ejemplo, desarrolló con lujo de detalles la estrategia que elaboró para dar a los comicios de este año un carácter provincial. Propuso que se desgranen las elecciones en varios domingos, siempre entre el 10 de octubre y el 10 de diciembre, como obliga la cláusula transitoria 5ª de la Constitución nacional. El plan de Pascual incluye citar para un mismo domingo (es de suponer que será el último, ya que el jefe de los diputados es proclive a las pasiones deportivas) los dos grandes choques, el de la provincia de Buenos Aires y el de la Capital. Si se pierde en uno se ganará en el otro y todo quedará en paz, reflexionan en el gobierno.

A pesar de que a Federico Storani le había parecido disparatada la idea de desarticular las elecciones (en realidad no había entendido del todo la idea), De la Rúa confesó anoche que le resultaba interesante y que debía estudiársela detenidamente. Da la impresión de que el calendario electoral estará en manos del Presidente, ya no del ministro del Interior.

La Bullrich estaba a sus anchas esa noche. Le agradó especialmente que la comida se la sirviera ahora cada comensal desde la bandeja, como indicó Cristina Purrens, la secretaria privada de De la Rúa. Antes, en la era Menem, los platos se traían ya listos a la mesa, una costumbre que a los De la Rúa los irritó sobremanera. Sus cole-gas comenzaron a pedirle pronósticos sobre la marcha del decreto previsional, que peligra por las disidencias que aparecen en el Congreso. Ella tranquilizó a todos. Primero contó una reunión que había tenido con Marcela Bordenave, diputada del Frepaso que integra el grupo «díscolo». «Cuando uno habla con ellos se da cuenta de que el problema no es de contenido sino de método: deberían hacerse rondas de consulta con 15 días de anticipación cuando las cuestiones a decidir son trascendentes», reflexionó la ministra. Dejó un mensaje alentador: «No puedo decir algo definitivo pero creo que no hay un peligro grave con el Frepaso en el Congreso».

La idea del oficialismo es que el decreto sobrevivirá por tres razones. Primero, porque las provincias se beneficiarán cuando comiencen a cobrar los recursos coparticipables que se aplican actualmente a solventar el déficit previsional. Segundo, porque Carlos Alvarez no querrá quedar como el culpable de que el blindaje financiero quede condicionado o afectado. Tercero, porque no está claro que una asociación entre disidentes del Frepaso y el PJ consiga voltear la norma dispuesta por el Ejecutivo.

Bullrich se encargó de tomar la temperatura del Frepaso a través de una declaración: «Darío Alessandro ya dijo que los diputados que fueron a la Justicia para que el decreto pierda vigencia no forman parte del bloque del Frepaso». Machinea aprovechó para pedir que se acelere la reglamentación de la reforma en sus aspectos técnicos, muchos de ellos relativos a la operatoria de las AFJP. De la Rúa le pidió algo más interesante a su ministra: que visite a Raúl Alfonsín en su casa para dejarle en claro aspectos que el ex mandatario había cuestionado durante el desayuno que compartió en Olivos la mañana de ese martes. Así lo hizo Bullrich.

Objetivos

El Presidente fue insistente con dos objetivos delante de su equipo. Después de escuchar las alentadoras interpretaciones de Colombo y Machinea acerca de la baja de tasas en los préstamos para el Estado y la suba de la Bolsa, pidió mayor empeño en la relación con los inversores para que aceleren sus decisio-Chrystian Colombo
nes. También reclamó velocidad en la puesta en marcha del Plan de Infraestructura.

La charla derivó después, inevitablemente, hacia la ansiedad oficialista de Domingo Cavallo, que llevó al ex ministro de Carlos Menem a comparar a De la Rúa con Domingo Faustino Sarmiento. Como el dueño de casa no quería cargadas, aclaró: «Me resultó exagerado y lo dije públicamente». El clima ya era de chacota pero de pronto alguien festejó por otro motivo: todo el gobierno espera que Cavallo compita por una senaduría porteña este año pero ubicándose políticamente en una zona «paraoficialista». Es decir, compitiendo con la Alianza pero sin disentir con el gobierno en aspectos sensibles como pueden ser los de Economía. En esta línea de pensamiento, cualquier homenaje a De la Rúa que provenga del enfático cordobés parece adecuado en el gobierno.

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