25 de abril 2003 - 00:00

El mayor distrito sin candidato

Con el PJ dividido y la UCR convaleciente, la elección del domingo ofrecerá un marco inédito de confusión en Buenos Aires, fruto de otro dato poco usual: esta vez la corporación bonaerense radical-duhaldista no presenta ningún candidato de la provincia con chances de pelear el primer puesto.

Ante un escenario de dispersión, es útil una radio-grafía para explicar cómo jugarán las distintas etnias políticas en un distrito donde pesa como nada la logística y el control de la estructura. A saber: En la superficie el PJ está partido en tres. El grupo mayoritario, el duhaldismo, con Néstor Kirchner; un sector del norte del conurbano con Adolfo Rodríguez Saá y otro combo, con presencia irregular en la provincia, con Carlos Menem.

• Prescindentes

En los hechos, el núcleo duro duhaldista apuesta por Kirchner aunque algunos caciques como Carlos Brown y Osvaldo Mércuri, si no juegan a favor de Menem como mínimo son prescindentes, que es otra forma de apoyarlo.

El gabinete nacional sirve como prueba: al apoyo de Aníbal Fernández, José Pampuro, Ginés González García y Alfredo Atanasof, se contraponen la feroz resistencia que exhalan Carlos Ruckauf -que reparte encuestas que dan perdedor a Kirchner-, Juan José Alvarez y Graciela Camaño.

Más homogéneo es el equipo de Solá que anteayer intimó (usó una palabra fea) a los suyos a que salgan a buscar votos para Kirchner: «Dos puntos más o menos definen si estamos adentro o no del ballottage». Alguno repro-chará con razón que a Solá le despertó tarde la pasión por el sureño.

En los últimos días se transparentó esa cuestión: por supervivencia o convencimiento, capitanes del PJ bonaerense salieron a sostener con más ímpetu a Kirchner. ¿Es demasiado tarde? Se sabrá el domingo.

Entre los intendentes el panorama es diverso. La gran mayoría, hasta
Manuel Quindimil, habilitaron a sus laderos a arrimarse a Menem -lo hicieron antes con Saá cuando éste medía bien»-, mientras otros son fieles a Kirchner: Alberto Descalzo, Julio Pereyra y, por ahora, Alberto Balestrini, entre ellos.

Un tercer grupo, encabezado por
Raúl Othacehé, trabaja para Saá. El cuarto es de menemistas activos - José Luis Pérez, por caso-, pasivos -como Gilberto Alegre que anunció voto a Menem pero dejó libertad de acción a su tropa-y clandestinos, que en silencio fiscalizarán o «moverán» para Menem.

Este combo incluye a
Alberto Pierri y Alberto Kohan (que unificaron esfuerzos), a Luis Patti y, por fuera del PJ, a la UCeDé de Hugo Bon-tempo que prometió aportar en la elección.

En la UCR el panorama también es difuso.
Federico Storani, dolido por la derrota de Rodolfo Terragno, mezquina fondos y apoyos a Leopoldo Moreau. No es raro: ya en 1995, Storani mandó a votar a José Octavio Bordón, en perjuicio de Horacio Massaccesi, por entonces candidato del radicalismo oficial.

Sólo por compromiso, y por repulsa contra
Ricardo López Murphy-el alfonsinismo que encarna Ricardo Alfonsín ayudará a Moreau, con quien choca cada vez que tienen que repartir cargos y oficiales.

Pero esas promesas de macroestructura, se diluyen en los municipios: por caso,
Daniel Katz, el storanista intendente de Mar del Plata, prenunció allí un triunfo de López Murphy. En rigor, los jefes radicales repiten una obviedad: no pueden derivar hacia Moreau el voto que naturalmente va a Murphy.

Algo parecido le ocurrió al radicalismo residual de
Melchor Posse. Además de una fuga de dirigentes hacia Recrear, Posse no puede imponer a Rodríguez Saá sobre el economista. En definitiva, se trata de elegir entre un PJ y un radical.

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