10 de febrero 2004 - 00:00

El mejor traductor del Presidente hoy

«Fernández» es un apellido poderoso en la gestión Kirchner. Pertenece a Cristina -primera dama y segunda en poder-y al jefe de Gabinete Alberto Fernández ya ubicado como tercero entre los más poderosos del actual gobierno. Hay un tercero, Aníbal (ministro del Interior), de escaso poder y sólo destinado a respuestas duras en un intento de rémora de aquel agudo César Jarovslasky, ya fallecido, que era un contraataque espectacular en defensa del entonces presidente Raúl Alfonsín. Alberto Fernández fue «joven sobresaliente» en los '90 junto con Martín Redrado, Julio Bocca, Gustavo Béliz, Domingo Cavallo, otros y hasta Hugo Lamónica. Salvo en el caso de un excepcional bailarín como Julio Bocca, siempre se duda de esas designaciones adjudicándoselas a «padrinos» o hasta a pagos. Como la «cinta azul de la popularidad» para productos o el «Martín Fierro». Nunca la Argentina ha sido seria en concursos. Alberto Fernández lo dice y es cierto: su privilegiado puesto y mando en el gobierno se debe a cómo interpreta a Néstor Kirchner. Son tan iguales hablando que se supone que AF es algo más, quizá decisivo en algunos temas y, desde ya, en designaciones. Tiene el raro privilegio, para un hombre público con poder, de no irritar, algo de lo cual carecetotalmente Roberto Lavagna por ejemplo o Carlos Tomada. También tiene Julio De Vido esa característica de calma, pero no el propio Kirchner salvo en la intimidad. El Presidente en los actos públicos choca al que no está frente a su palco y lo observa por TV o lee lo que dice. El diario «Página/12» que Héctor Magnetto destina a panegírico constante de Néstor Kirchner (a «Clarín» Magnetto lo ubica más pro Lavagna) le hizo un reportaje interesante a AF. Como es un medio destinado a la izquierda es bueno transcribir algunos párrafos hacia los ciudadanos moderados. Por supuesto, es un « reportaje pro» de un medio oficialista. No hay preguntas comprometedoras, pero igual interesa ver cómo Fernández no cree que pagando deuda se crece más y mejor porque llegan inversiones (hasta Juan Llach lo dijo esta semana). Reitera algo bueno del kirchnerismo, como es crear un capitalismo nacional como tiene Brasil. Se equivoca a la par de Kirchner al decir que todo empresario que ganó plata robó, cuando menos en impuestos. ¿Alfredo Coto no es un empresario nacional serio, aunque alguna vez tuvo un traspié impositivo? Dice que el Correo hoy es rentable pero no dice que es porque no paga el canon que le exigían a Macri, además lo subsidian y lo volverá a pervertir el sindicalismo que ya tiene innumerables privilegios en la empresa postal.

-¿Qué hace un jefe de Gabinete?

-Tengo la ventaja de conocer muy profundamente a Kirchner y saber lo que él quiere. Tengo aprobado el capítulo «Kirchner 5» y puedo ayudar. Mi tarea es saber interpretar bien.

-Hay ministros que tienen miedo de hablar. Temen una reprimenda de Kirchner.


-Serán inseguros como seres humanos. Pero nadie les prohíbe hablar.

-Reformular... ¿Hubo alguna vez un empresariado nacional?


-En la década del '40 hubo y fue capaz de construir aviones. Hubo un Estado promotor de
la empresa nacional que fue capaz de muchas cosas. Pero se perdió. Hubo una época donde los representantes de la Unión Industrial Argentina les vendían sus empresas a los fondos de inversión. Y el primer presidente de la UIA (Gilberto Montagna) que yo recuerdo, allá por los años '90, terminó vendiendo Terrabusi. Y el último, De Mendiguren, terminó vendiendo una fábrica de ropa, Coniglio, a un fondo de inversión que se llama Exxel. Entonces, lo que digo es que hay que recrear un empresariado nacional que debata estas cosas.

-¿Insisten en 75%?


-Sacando 75 por ciento de la deuda, solamente logramos deber 50 por ciento de nuestro PBI.

-¿Y se pensó en buscar ese respaldo popular a través de un plebiscito o consulta popular?


-Al gobierno le conviene ordenar el tema de la deuda. Es la única forma de hacer un país previsible. Hay muchos que dicen, porque la Argentina crece 8 por ciento, «qué le cuesta dar un punto más de superávit para pagar la deuda, qué le cuesta ir de 3 a 4». Son 8.000 millones de pesos que dejarían de gastar en educación, seguridad, salud, en un país en donde uno de cada dos habitantes es pobre. En otros tiempos prevalecían los números macro, ahora no. Hay una tasa de desempleo altísima.

-Reconoce que hay muchos economistas que proponen pagar más.


-Si fuera un gobierno de miserables podríamos hacer una quita de 50 por ciento y nos vamos a una espera de 5 años. El gobierno así se sacaría la presión, pero no los argentinos. Yo ya estoy harto de leer a los economistas de siempre sobre lo que hay que hacer, entre ellos los que decían que la Argentina vivía un veranito económico y que nos íbamos a caer, que la inflación nos iba a tapar y que el dólar iba a llegar al techo. Esos formaron opinión en ciertos sectores de la economía. Y nosotros tenemos que reformular un empresariado con conciencia nacional.

-¿La creación de la « conciencia nacional» es la respuesta a la presión externa y del Grupo de los 7?


-La Argentina es la que debe y el gobierno es un mandante. Cuando el mandante le tiene que decir al acreedor: «Le debemos 116 mil millones de dólares, pero estoy dispuesto a pagar 25 por ciento de esto», uno tiene que estar preparado a todo tipo de presión y avisarle a quien lo manda que lo van a intentar embargar, inhibir, perseguir y quebrar la voluntad. Y que por ello hay que luchar para mantenernos firme y en forma. Eso es lo que estamos haciendo. Esto es una tarea difícil y de prédica constante.

-Mauricio Macri, que tiene mucho peso en la Capital, dijo hace poco que este gobierno vive del pasado...


-Macri construyó lo que construyó a costa de nosotros. Es él el que añora el pasado, es parte de los que ganaron en el pasado. Pero el gobierno no añora el pasado, porque no quiere un Estado cómplice de unos pocos. Nosotros peleamos contra la impunidad. Y eso no supone únicamente encarcelar a los genocidas. Es también poner en debate por qué hay muchos empresarios que concentraron el ingreso, que dejaron de pagar sus impuestos.

-A la luz de la decisión de reestatizar el control del espacio aéreo, ¿se puede llegar a reestatizar el Correo?


-Hay que estudiarlo. El Correo tiene una situación de equilibrio en su funcionamiento en manos del Estado, según me transmitió el interventor Di Cola. Nosotros tenemos que terminar con los falsos dogmas. Ni todo lo privado es bueno. Ni todo lo estatal es malo. Vamos a buscar lo que más le conviene a la Argentina.

-O sea, que se puede reestatizar el Correo.


-No lo descarto. La verdad es que al principio pensamos privatizarlo. Pero hoy, en manos del Estado está teniendo un resultado razonable. Y si así se siguiera manejando, bueno... podría seguir dando buenos resultados y dando un buen servicio.

-¿No le molestará al gobierno que lo corran por izquierda?


-Carrió no nos corre por izquierda sino con desesperación. Además de diagnosticar hay que resolver las crisis. Cuando fue gobierno se fue porque no tuvieron internamente el poder para resolver la crisis. Estamos haciendo lo que ella proponía que se hiciera. Entonces, se opone con la peor de las miserabilidades.

-En esa misma línea ¿usted no se cuestiona el haber compartido un espacio con Cavallo recientemente?


-En el 2000 muchos peronistas decidimos no apoyar el PJ oficial, que llevaba al menemista (Raúl) Granillo Ocampo, para construir una fuerza alternativa a la Alianza que le ganó a Duhalde. Como experiencia aprendí que es imposible construir una alianza sin fines duraderos, porque a los pocos meses de llegados a la Legislatura, nosotros éramos parte del bloque justicialista y la alianza que habíamos construido no existía más. O sea, nuestra alianza con Cavallo fracasó. Allí éramos varios: Gustavo Béliz, Jorge Argüello. Fue una construcción que no duró nada. Kirchner me decía que no era la mejor salida... Tenía razón.

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