El país de los sueños
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Los radicales Leopoldo Moreau y Federico Storani soñaron siempre con tener gravitación en un gobierno nacional. No importa que la gente no los quiera, que jamás hayan podido pasar de encolumnarse en listas sábana sin ganar ni una sola elección de ejecutivos, aunque más no sea de intendentes municipales.
Jorge Todesca siempre soñó con ser uno de los pocos personajes en el mundo que, como funcionario, se hayan podido dar el lujo de decirles al Fondo Monetario Internacional, a sus autoridades y técnicos: ¡cállense la boca! No importa que desde hace 48 horas, cuando pronunció la patética frase -exactamente «que no opinen más»-, se ahondó el aislamiento mundial de la Argentina y se alejó más todavía la posibilidad de recibir ayuda de los organismos internacionales, sin lo cual ningún país emergente puede zafar de un default que ya de por sí significa supresión de todos los restantes créditos, de naciones o de privados.
Aníbal Ibarra, Juan Cafiero y el residual del frepasismo siempre soñaron con volver a integrar desde la izquierda un gobierno nacional pero totalmente populista, como ellos, algo que les facilitó insospechadamente el duhaldismo-alfonsinismo.
Hugo Moyano, Rodolfo Daer, Luis Barrionuevo, Armando Cavalieri, Oscar Lezcano y otros sindicalistas criollos siempre soñaron ser pilares de un gobierno que repudie la deuda externa del país y haga asistencialismo permanente, con o sin fondos, algo que aparta las miradas de sus enriquecimientos personales.
No importa que ahora ya vivan con el temor de que vaya a cerrar alguna empresa grande y la ola de nuevos desocupados los incinere o que dentro de poco tengan que salir a pedir aumentos salariales porque el «Plan Reyes», que ayudaron a crear desde sus manifestaciones callejeras, tiene la invisible consecuencia de traer inflación y reducir el salario real del trabajador.
Hay más, muchos más soñadores.
El periodista televisivo Jorge Rial ha impuesto la frase realista «país generoso». Lo es. Tanto que siglos de vigencia de los apotegmas de Calderón de la Barca se completan ahora en la Argentina: aquí sueñan lo que son, pero además el país generoso se lo permite ejecutar.



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