7 de julio 2003 - 00:00

El sueño del partido propio se reduce al solitario Fernández

Esas son cosas de Alberto "Fernández, no del gobierno", definió Aníbal Fernández cuando los diputados del bloque del peronismo le reprocharon los movimientos del Poder Ejecutivo en apoyo de candidatos que no son los del PJ en distintos distritos. El ministro del Interior expresó allí, casi en privado, la disidencia que había manifestado en público cuando dijo por radio que «las internas de la Capital Federal son 278 del Presidente».

El ministro Fernández se manifestó solidario con los peronistas del bloque y demostró otra vez su ductilidad para sintonizar con los que manejan el poder. Es clave para los Fernández, Aníbal y Alberto, tener olfato. Ninguno de los dos accede a la mesa donde se decide la orientación final del gobierno, que integran Kirchner, Cristina Fernández, Julio De Vido y Carlos Zanini. En esas cuatro personas se concentra el poder dentro del oficialismo pero cuando se acercan los Fernández, Roberto Lavagna, José Pampuro o Gustavo Béliz se ponen a «hablar en Tehuelche» como dijo un observador ingenioso.

En perspicacia Fernández Aníbal superó a Fernández Alberto. En principio, el jefe de Interior descubrió la posición minoritaria de los disidentes kirchneristas dentro del bloque del PJ. Gerardo Conte Grand -bordonista y ex subjefe de la SIDE y del Ministerio del Interior de Carlos Menem- la dejó en claro cuando expuso su discurso revoltoso delante del visitante, la noche del jueves: «El Presidente debe tener posibilidad de optar, no le podemos pedir que vaya en la Capital Federal con alguien identificado con lo peor de los años '90 como Mauricio Macri». Fernández Aníbal prefirió callar, inspirado en su condición de bonaerense. Primero, porque Eduardo Duhalde indujo a los suyos a sumarse a Macri, como lo demostró Eduardo Camaño, un quilmeño a quien el ministro del Interior jamás le pierde pisada. Segundo, porque lo que se discutía esa noche en la bancada peronista, subliminalmente, era si el PJ bonaerense aceptaría que movimientos vecinales adhirieran a sus listas de gobernador y legisladores. Fernández Aníbal no quiere enemistarse con la provincia de Buenos Aires, da la que en el fondo depende. Es curioso que sí olvide los intereses bonaerenses Fernández Alberto: en la Legislatura bonaerense nadie olvida nada y esa ley se cumple también con su paso por la vicepresidencia del Banco Provincia, sobre la que se conservan varias carpetas (los acreedores de la Fundación «Duhalde Presidente» también lo recuerdan).

• Percepción

Si se tienen en cuenta los movimientos del gobierno en la última semana, habría que pensar que Fernández Aníbal tiene mejor percepción que Fernández Alberto. A medida que se acerca la misión negociadora del Fondo Monetario Internacional y se aproxima también la fecha de los vencimientos de deudas, la Casa Rosada comienza a limitar sus pretensiones de intervención en la interna del PJ. Los que soñaron con una fuerza propia capaz de competir con el PJ oficial (despectivamente llamado « pejotismo») deberán ajustar sus pretensiones: en casi todos los distritos Kirchner está dispuesto a acordar con el poder establecido dentro del partido y negociar, a lo sumo, la incorporación de algún amigo en las listas locales. Como cualquier presidente que acaba de instalarse en el poder, él pretende ampliar el número de oficialistas en el Congreso, aun cuando se resigne a convivir con una mayoría de legisladores peronistas que no le pertenece y que, en general, reporta a Duhalde.

Kirchner ya se reunió con Rubén Marín, el gobernador de La Pampa y figura clave de la Comisión de Acción Política que controla hoy el PJ. El gobierno se resignará al liderazgo de Marín en el distrito, por más que haya bendecido la candidatura de Carlos Verna, adversario manifiesto de Cristina Fernández en el Senado. Claro, Verna será casi seguramente el nuevo mandatario provincial. Algo parecido sucederá en Río Negro, donde si bien no se aplaudirá la marcha de Carlos Soria, tampoco se potenciará en exceso la candidatura del kirchnerista Eduardo Rosso. En Neuquén, Oscar Parrilli no quiere ser candidato y Kirchner deberá aceptar la candidatura del menemista Sergio Gallia.

Si se sigue repasando el mapa, el único conflicto que queda es el de Misiones: Fernández Alberto recomienda también allí, como en la Capital, alimentar una candidatura ajena al PJ, la de Carlos Rovira. El gobernador enfrentará a Ramón Puerta y llevará como candidato a diputado a un kirchnerista local, Juan Manuel Irrazábal. Juega fuerte Fernández Alberto: en la Ciudad de Buenos Aires tejió acuerdos con Aníbal Ibarra para ubicar en las listas a sus amigos. No necesariamente a los de Kirchner: Miguel Bonasso tuvo que buscarse otro abogado para «colgar» su lista de diputados.

Capital Federal y Misiones son los dos distritos en los que Fernández Alberto estimula un juego del gobierno en conflicto con el PJ oficial. En ambos casos comenzó a remar contra la corriente, que fluye ahora hacia posicionesmás acuerdistas. En la Capital-Federal hay ballottage y nada obliga a Kirchner a jugar a muerte por Ibarra antes de que se conozcan los resultados de la primera vuelta. Sobre todo cuando su jefe de Gabinete fue incapaz de conseguirle el segundo lugar de la fórmula, que ocupa Jorge Telerman.

En Misiones las noticias que llegan tampoco son favorables a Fernández Alberto: ayer la UCR decidió expulsar a los dirigentes que pretendían asociarse a Rovira y el voto peronista clásico parece inclinarse por Puerta. Además, el 20 de julio habrá primarias obligatorias para todos los candidatos. Ese día se sabrá qué peso tiene cada fórmula, tal como le explicará Eduardo Duhalde a Kirchner ni bien se encuentren esta semana. El oficialismo comenzó a meditar si las dos guerras internas que mantiene no tendrán desenlace en dos derrotas. Por si resulta así, ya hay dos encumbrados kirchneristas que se prueban el cargo de Fernández Alberto para fin de año.

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