15 de agosto 2008 - 00:00

El tiempo ayuda a unos y los perjudica a otros

Eduardo Duhalde
Eduardo Duhalde
Imaginemos por un momento el actual escenario político como la mesa de arena dondese planifica una batalla y, teniendo en cuenta sus tres elementos -espacio, fuerza y tiempo-, consideremos la posición de cada uno de sus principales actores.

Desde que percibió la debilidad de la posición enemiga, Eduardo Duhalde avanza para tomar la colina, camuflado en el Movimiento Productivo Argentino. Con pasos cortos y sonidos lacerantes («doble comando»; «
Cristina no es apta»; «Néstor necesita tratamiento»), va ocupando los espacios que las circunstancias le abren, porque en el panorama político nacional no hubo hasta ahora oposición que supere a las circunstancias como factor determinante de la modificación del estado de cosas (ayer la inseguridad, hoy el campo). Duhalde no crea circunstancia nueva, pero intenta reactivar los cambios de la realidad. Las circunstancias lo guían, las encuestas lo conducen. Por eso, así como ahora avanza, antes retrocedió: cuando los sondeos indicaban un presunto apogeo de Néstor Kirchner, no trabó ninguna de las iniciativas cuyas secuelas hoy ya son crisis. La continuidad o profundidad de su avance lo determina el resultado de las encuestas que cotidianamente ordena y consulta.

  • Guerra psicológica

  • ¿Desea Duhalde que Kirchner se presentecomo candidato a senador y someterse él a esa compulsa. Por eso alienta a Julio Cobos y habla, igual que Alfonsín, de la necesidad republicana de organizar los partidos políticos. Si pudiese, Duhalde hasta se haría cargo de reconstruir el radicalismo; con la proclama heroica de enfrentar a Kirchner si éste es candidato en 2009. Le restaría fuerzas en el Parlamento y aceleraría una crisis de gobernabilidad que le evite de paso la prueba de una elección antes de que las brevas estén maduras. Cuanto más habla Duhalde del futuro -hasta de segundas vueltas en 2011- más parece trabajar para conducir una guerra psicológica del presente. Y, como complemento de su camuflaje, habla bien de los demás para que la sociedad termine hablando de él.

    Mauricio Macri, en cambio, hoy, en términosdel elemento tiempo, parece beneficiarse con los Kirchner, porque necesita que el horizonte de toda decisión sea 2011. Así como para Duhalde es vital acortar los tiempos, para Macri, aún con el objetivo de sustituirlo -o precisamente para ello-, es necesario que el gobierno llegue a 2011. Por lo tanto, aunque adversario, cronológicamente es un aliado del oficialismo. En el fondo, Kirchner siempre lo supo, por eso no sólo es uno de los opositores a los que menos maltrata, sino que ha buscado un modus vivendi con él en algunos temas de alta sensibilidad.

    En cuanto a Elisa Carrió, siguiendo el apotegma peronista que dice que «hay que planificar solamente hasta la primera batalla, porque después hay que ver qué hace el enemigo», para ella, el todo o nada es 2009.

    Julio Cobos, la última estrella surgida en este firmamento, también producto de las circunstancias, supera a Duhalde en el camuflaje, pero, a la vez, así como Macri se beneficia de los Kirchner en la necesidad de más tiempo, Cobos lo es de Duhalde en la necesidad de restárselo. Su apuesta parece más ligada a la espera de una crisis que a la lucha. Adicto a las encuestas como Duhalde, podría discutir con él, según el resultado de éstas, los términos de una eventual fórmula, cuando la Patria lo demande. Pero, si encuentra estructura, bien podría también arriesgarse solo.

    Todos están convencidos de que el ciclo Kirchner cesó y sólo resta saber cuándo y cómo se verificará esto en la realidad. El denominador común de sus conductas es la reacción frente al rencor con que el oficialismo ha teñido todas sus iniciativas.

    Los unen los Kirchner, los separan los tiempos. En lo que hace a Néstor, el ex presidente es el que menos tolera el paso del tiempo pues sabe que si éste transcurre sin recuperación de iniciativa, él no sólo pierde tiempo, sino también fuerza y, en consecuencia, espacio. Eso es lo que más lo «enloquece».

    Cristina de Kirchner, entretanto, intenta reinar. Dios proveerá, piensa quizás. Pero, mientras ensaya simulacros de cambio, también a ella, en su inacción, el tiempo le está devorando la fuerza y el espacio.

    Finalmente, todos tienen iniciativas tácticas, unas son de supervivencia, otras de conquista o recuperación del poder, pero al país todavía le falta una estrategia.

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