El Vaticano dice que a la Patagonia le faltan más obispos
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Jorge Bergoglio -en la foto en el último acto de Corpus Christi- escuchó ayer en Roma quejas del Vaticano por la demora de los gobiernos argentinos en abrir nuevas diócesis en la Patagonia, algo que estaba acordado desde hace 40 años.
«Sin la venia oficial no salen», explicó a este diario un funcionario de la Secretaría de Culto que comanda Guillermo Olivieri.
La resistencia guarda cierta lógica dentro de la cosmovisión de los santacruceños. Si con la cantidad actual de obispos resulta indomable para el gobierno la participación de la Iglesia en temas políticos, es imposible imaginarse lo que sería esa relación con más religiosos apostados especialmente en terreno kirchnerista por excelencia.
Como muestra, bastan las críticas posturas asumida frente a Néstor Kirchner y a Cristina Fernández por el obispo de Santa Cruz y Tierra del Fuego, Juan Carlos Romanín, y por el párroco de Las Heras, Luis Bicego.
El malestar concreto que ayer Bergoglio intentó traducir en Roma tiene que ver con la imposibilidad de subdividir a la provincia de Chubut en distintas diócesis; la primera tendría sede en Esquel como prelatura.
«Existe un proyecto de la Iglesia Católica en la Santa Sede para llevar adelante esta idea. Hasta ahora existe sólo la de Comodoro Rivadavia que abarca todo Chubut, y es demasiado grande para una buena gestión», resumió un colaborador del obispo Virgilio Bressanelli.
Junto a Bergoglio, participaron del encuentro los obispos Luis Villalba, Agustín Radrizzani, vicepresidente primero y segundo de la Comisión Ejecutiva de la Conferencia Episcopal Argentina, y Sergio Fenoy, secretario general. También estuvo el nuncio en la Argentina, monseñor Adriano Bernardini. Precisamente, el traslado de éste hacia un nuevo destino fue otro de los temas tratados ayer en el despacho de Bertone, aunque por el momento no trascendió cuáles serían los planes que tiene Benedicto XVI para el religioso.
El nuncio mantiene una fuerte interna con el cardenal primado de la Argentina desde el apoyo que este último le dio a la candidatura del ex obispo de Iguazú, Joaquín Piña. Pero el Vaticano también le reprocha a Bernardini no haber sabido interceder ante el gobierno para sugerir una alternativa a la postulación de Alberto Iribarne como embajador ante la Santa Sede, cargo que permanece vacante ya que Roma no le otorgó el plácet debido a que su condición de divorciado no se adapta a las normas canónicas.
Durante la audiencia, además de temas eclesiales, se trató otra cuestión clave: la indefinición para designar a un reemplazante en el obispado castrense tras la renuncia de monseñor Antonio Baseotto. Parece casi un tema menor en medio tanto desgaste y pugna estéril, producto -al igual que el conflicto con el campo- de cierta impericia del gobierno para negociar.




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