Los Duhalde, Eduardo y «Chiche», se encargaron de enviar un mensaje a Carlos Ruckauf después del almuerzo que el ex gobernador compartió con Domingo Cavallo, el sábado. No dejaron pasar 24 horas para señalar que la estrella del ministro de Economía podía opacar a la de Carlos Ruckauf para 2003. La pareja observa candidatos a presidente como esos matrimonios que andan en busca de una casa para comprar (mencionar a los Menem, Carlos y Cecilia, sería una broma de mal gusto), cuando en realidad todo el mundo sabe que Duhalde sigue soñando con ser él mismo el próximo Presidente. Aún así la advertencia a Ruckauf llamó la atención por lo ansiosa y por lo redundante, porque no se necesitaron palabras para entender que la celebración de aquel encuentro estaba dirigida, principalmente, a mortificar al gobernador.
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Sin embargo, Ruckauf no contestó esos malos augurios. Sí lo hizo Fernando de la Rúa, quien ayer dijo que «es una posibilidad» que Acción por la República se integre a la Alianza para las próximas elecciones. Era lógico que así sucediera, aunque los Duhalde no mencionaran al radicalismo ni al Presidente: antes que Ruckauf, el principal perjudicado del almuerzo del sábado sería Raúl Alfonsín, candidato a senador por la Alianza.
Alfonsín ya está complicado con la defensa de la política de Cavallo en el Ministerio de Economía. Aún cuando el programa sea heterodoxo, como a él le gusta, entre el ex presidente y el economista existen rencores personales difíciles de disolver: se remontan a 1989, cuando el entonces diputado por Córdoba aconsejó a un comité de bancos suspender el crédito al país. Pero Alfonsín, a quien varios delarruistas llaman «Vizcacha» (por aquel viejo lleno de astucias y mañas que imaginó José Hernández), disimuló rápidamente ese odio y dijo que «la propuesta de Economía parece estar en el buen camino». Así, ubicó las velas al viento para ingresar a una campaña en la que deberá defender al oficialismo nacional.
Lo que no esperaba Alfonsín y tampoco De la Rúa es lo que el sábado le explicaría Cavallo a Duhalde frente a un plato de mariscos: «Yo no voy a hacer campaña pero Acción por la República va a hacer acuerdos con los que mejor convenga para armar un bloque grande de diputados y senadores». El bonaerense se entusiasmó, casi tanto como cuando el ministro le habló de subsidios, suba de aranceles, recambios de deuda y otro tipo de medidas que le hicieron recordar su campaña electoral del '99. Para Duhalde el acuerdo electoral con Cavallo representa la posibilidad de dejar a Alfonsín en «falsa escuadra», defendiendo la política económica de quien paradójicamente será su adversario electoral.
Espejo
La posibilidad de que el pacto con Duhalde se selle en la provincia de Buenos Aires y que eso suceda en contra de la UCR no debería ser descartada. En este sentido Córdoba puede ser un espejo que adelanta. Allí Cavallo viene conversando con José Manuel de la Sota acerca de un pacto electoral que integraría a Guillermo Johnson como candidato a diputado y a alguna de las Argüello Pitt (sea la madre o la hija) en la fórmula para el Senado. Este eje del ministro de Economía con el peronismo mediterráneo puede resultar algo atávico -De la Sota lo hizo ingresar a Cavallo en la política democrática aunque más tarde la relación entre ellos se estropeó- y también indica cierto desdén hacia Ruckauf. Aunque otro radical que se puede enfadar es Ramón Mestre.
La primera fila de seguidores del ministro pronuncia sólo lamentos sobre el gobernador bonaerense. Dicen que lo ayudaron a llegar al cargo y que después él los olvidó a la hora de repartir funciones. «No se quejen tanto que, finalmente, les entregó el Banco Provincia», es una frase que los vuelve locos: «Mentira -gritan los cavallistas-, Gutiérrez es peronista, no es de nuestro partido; solamente tiene una relación personal con 'Mingo'».
La predilección de los dirigentes del partido de Cavallo por el peronismo no se explica solamente por empatías ideológicas o por la inercia de la convivencia anterior, durante el menemismo. Hay una razón práctica más poderosa: en el PJ las listas se dividirían por dos y no por tres, como sucede en la Alianza, donde también hay que saciar el hambre frepasista (y en el interior, también de algunos partidos provinciales). Esa matemática es más decisiva que bibliotecas enteras de doctrina política.
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