23 de enero 2002 - 00:00

Eliminaron el tope de $3.000 a funcionarios

El gobierno decidió ayer mejores salarios para los funcionarios al eliminar el techo de $ 3.000 que había establecido el ex presidente Adolfo Rodríguez Saá. Un decreto firmado por Eduardo Duhalde el lunes repone niveles más apropiados para reclutar funcionarios más idóneos y pagarles salarios más competitivos. Por encima incluso del otro techo de $ 5.000 que había impuesto Fernando de la Rúa. Ahora un ministro cobrará $ 7.600; un secretario de Estado, $ 6.900 y un subsecretario, $ 6.300. Todos en pesos, obviamente.

El gobierno liberó ayer los salarios de los funcionarios del techo de $ 3.000 mensuales que había puesto por decreto el ex presidente Adolfo Rodríguez Saá. En otro decreto-acuerdo que firman todos los ministros del Poder Ejecutivo restableció la grilla salarial de ministros, secretario y subsecretarios de Estado a lo que pagaba la administración De la Rúa. Aunque el Decreto 157/2002 firmado en la noche del lunes y hasta ayer no publicado en el Boletín Oficial no menciona montos, la decisión repone esos sueldos por encima de otro techo establecido por De la Rúa el año pasado, que eran los $ 5.000 que ganaba el jefe de gabinete Chrystian Colombo.

Eso implica que, desde ahora, un ministro ganará unos $ 7.600, un secretario de Estado alrededor de $ 6.900 y un subsecretario deberá conformarse con unos $ 6.300. La diferencia con aquellos tiempos es que cada uno de esos pesos no equivale a un dólar.

El decreto argumenta con prosa algo alambicada que con el techo «adolfista» de los $ 3.000 le ha sido imposible al Estado reclutar funcionarios eficaces e idóneos, no cita ninguna otra causa para que ello haya ocurrido en tantos y muy conocidos casos.

También incluye una cláusula de financiamiento bastante curiosa tratándose de organismos del Estado: el dinero para pagar esos sueldos debe salir de las economías en las estructuras actuales de funcionamiento, sin ceder en los recortes de gasto ya comprometidos ni tampoco en lo necesario para el normal funcionamiento de los ministerios. No dice, entonces, sobre qué partidas se hará el sacrificio para que se cumpla al propósito lógico y esperable de cualquier administración sana: pagar sueldos dignos a funcionarios para poder contar con gente preparada.

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