24 de noviembre 2006 - 00:00

Emergencia en Caracas

Valija con rueditas para otro/a funcionario/a del gobierno. En la revisión de las relaciones con Venezuela por excesos en la confianza que se tomaron los delegados de Hugo Chávez en el país, Néstor Kirchner empezó a sacudir el árbol propio. El gesto compromete a la embajadora en ese país, la sindicalista Alicia Castro, otra de las cooptaciones -diría Elisa Carrió- del Presidente sobre la oposición cuando esta ex diputada poloobrerista ensayó gestos de oposición a su gobierno.

La embajadora sigue de cerca la elección en su sindicato (Aeronavegantes) en el cual intenta doblegar, como antes, a su oposición con un delegado personal en el gremio, Ricardo Frecia.

  • Análisis

  • El relevo lo analizó en las últimas horas Kirchner, a quien se le atribuyen quejas ante el propio Chávez por las campañas venezolanas en Buenos Aires junto a amigos que el gobierno quiere mantener en la clandestinidad. Entre ellos están Luis D'Elía -despedido del gobierno por chavismo explícito- y Hebe de Bonafini, que desató furias anti-Kirchner por el pedido de extradiciones de ex funcionarios de Irán para indagarlos por el atentado a la mutual judía AMIA.

    No habrá decisión sobre esa plaza diplomática, sin embargo, hasta después del 2 de febrero, fecha cuando Chávez asuma la tercera presidencia que descuenta ganará el bolivariano en las elecciones del domingo 3 de diciembre próximo. Tiene Castro todo ese tiempo para pelear la permanencia en el cargo.

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