2 de junio 2005 - 00:00

En 1977 ingleses temían una invasión a Malvinas

Gran Bretaña planeaba lanzar una ofensiva militar contra la Argentina en las islas Malvinas, cinco años antes que comenzara el conflicto por la soberanía de ese archipiélago del Atlántico Sur en 1982, según documentos desclasificados esta semana y conocidos ayer en Londres.

De acuerdo con informes del Archivo Nacional británico (NA) con sede en Kew, al oeste de Londres, el por entonces premier británico, James Callaghan envió en 1977 una flotilla de buques de guerra de la Royal Navy a las islas Malvinas, porque temía una invasión argentina a esas islas.

Ese operativo de guerra, llamado Operación Journeyman, formó parte de un acalorado debate político secreto en los pasillos de Whitehall, sede del gobierno británico, y del Ministerio de Defensa en Londres (MoD).

En esa fecha, cincuenta científicos argentinos llegaron a la isla South Thule, al sudeste de Malvinas, lo que hizo temer un ataque, agregan.

El entonces ministro de Asuntos Exteriores, David Owen, insistió en que la misión tenía que realizarse en secreto. «No hay necesidad de que se sepa el destino de las fragatas. Deben ser enviadas para ejercicios en el Atlántico», dijo Owen.

De acuerdo con esos documentos, nunca conocidos por el público, el MoD planeaba lanzar un ataque contra la Argentina, pero decidió esperar ante la presión de las leyes internacionales y la necesidad de acatar las normativas marítimas.

Finalmente, el gobierno accedió a enviar la flotilla británica, que partió en noviembre de 1977 y consistía de dos fragatas, dos buques de guerra y un submarino nuclear conocido como el Dreadnought, pero sin fines de agresión.

«Los oficiales comandantes y los capitanes de aviones deben responder a cualquier agresión con firmeza y tacto, y deben exhibir determinación para enfrentar cualquier escalada de violencia»,
indicó el memorando secreto a las FF.AA. británicas. Semejante uso de fuerza «sólo debe utilizarse hasta que sea evidente que se ha logrado el objetivo deseado y no debe ser en ningún sentido forma de retaliación».

Por su parte, el comandante del submarino nuclear recibió la orden expresa: «Si su buque es atacado con armas de las fuerzas argentinas, debe atacar, cualquiera sea la consecuencia o el riesgo de vida».

En tanto, Sam Silkin, el por entonces fiscal general, aconsejó al gobierno británico que cualquier zona de exclusión alrededor de las Islas Malvinas «quebraría toda ley internacional».

El Ministerio de Defensa estableció una «zona de seguridad» de 50 millas alrededor de las islas, que demarcaría el límite que no podrían cruzar los argentinos sin entrar en guerra. Ese envío secreto coincidió con negociaciones privadas en Nueva York entre el gobierno de Gran Bretaña y el de Argentina para reducir las tensiones por la soberanía de las islas. Una vez que comenzaron las reuniones en Nueva York, el gobierno británico reveló a la Argentina del envío de la flotilla de la Royal Navy, y poco después, los 50 argentinos que desembarcaron en South Thule abandonaron esa isla, reinstaurándose el «status quo».

Sin embargo, cinco años más tarde, se desató el conflicto del Atlántico Sur entre la Argentina y Gran Bretaña, por la soberanía de las Islas Malvinas, en el que cientos de soldados de ambas partes perdieron la vida.

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