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3 de septiembre 2007 - 00:00

En El Calafate, Kirchner vivió un superdomingo con sabor amargo

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La fantasía de un «repunte» milagroso de Rafael Bielsa y la «certeza» de que Juan Schiaretti triunfaría con comodidad arrastraron al gobierno a un equívoco de costo impredecible: un superdomingo que se atrevieron a suponer mágico se convirtió en un mal sueño.

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Dos datos lo muestran. El 4 de agosto, la Casa Rosada «blanqueó» su pacto con José Manuel de la Sota al viajar Cristina de Kirchner a Córdoba capital para mostrarse con Schiaretti. «Es mi candidato», dijo la primera dama y desató la furia de Juez.

Veinte días más tarde, la candidata visitó con su esposo la ciudad de Reconquista, en Santa Fe, y le levantó el brazo a Bielsa. De ese modo, Néstor Kirchner rompió la regla de apuesta dual para «ganar siempre» o, al menos, para evitar perder.

No hubo festejo para los Kirchner: con una derrota que era previsible, pero que en el último tramo el gobierno revalidó por la negativa, y un resultado ajustado en Córdoba, con el PJ arrasado en la ciudad que visitó Cristina, el «superdomingo» dejó un sabor amargo.

El ex canciller cayó frente a Hermes Binner, quien será el primer gobernador socialista de la historia del país. Hizo todo mal el oficialismo en Santa Fe: lo muestra que perdió hasta en la capital y sólo retuvo una ciudad grande, Rafaela, de la mano de Omar Perotti.

El resultado final en Córdoba, esta madrugada en suspenso por la paridad, podría aportar otra mala noticia: los Kirchner terminaron recostados en el PJ, en una alianza a desgano con De la Sota, que suponían les daba garantías para compensar la derrota de Santa Fe.

Puede que la lectura más fina, de entrecasa, esconda -o permita en algunos despachos de la Casa Rosada, como la Jefatura de Gabinete- un factor saludable para Kirchner si la elección golpea a De la Sota. Pero lo cierto es que Kirchner hizo posar a su esposa al lado de Schiaretti.

Se dijo más de una vez: Kirchner decodifica a De la Sota como su verdadero rival en el futuro cercano, más que cualquier aventura de los Rodríguez Saá o de Roberto Lavagna.

Sin embargo, la interpretación urgente deja al gobierno en mala posición: se pegó a Bielsa y perdió; se abrazó a Schiaretti que, cuando mucho, podría obtener un resultado ajustado que lo deja golpeado.

Un estigma para el peronismo, del que Cristina de Kirchner trató de tomar distancia, pero al que se arrimó en el último tiempo, reaparece con fuerza: en los centros urbanos, como Córdoba capital o Rosario, la oposición al PJ arrasó sin compasión.

¿Debe la candidata estar segura de que su supuesta invulnerabilidad electoral continúa intacta? Los tropiezos en Capital, Tierra del Fuego y Neuquén en junio pasado, más los magros resultados de ayer en Santa Fe y en Córdoba, acaso le generen alguna intriga.

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