6 de junio 2008 - 00:00

En inusual debate en el PJ, Kirchner llamó a resistir

Néstor Kirchner llamó anoche a un acto del peronismo en respaldo del gobierno que pelea con el campo para el 20 de junio en el Monumento de la Bandera en Rosario. En esa algarada aspira, según le reclamó a la cúpula del Partido Justicialista a la que puso en funciones, a superar los 300 mil asistentes.

Arrastrado por los rituales de la ortodoxia que se había jurado combatir, el ex presidente confía en que eso será un favor a la gestión de su esposa Cristina, arrinconada por el apoyo que han ganado los reclamos del campo en la opinión pública de los centros urbanos. El vértigo del atril que ocupó ante un sector de la dirigencia le hizo confiar antes algo más de sesenta burócratas del PJ que esa manifestación lo congraciará el gobierno con esa opinión, una fantasía en la que ha fracasado varias veces el propio Kirchner -la última vez cuando pidió en voto en su favor en elecciones de la Capital federal desde ardientes tribunas del conurbano-. Más que ayudar, esos actos han perjudicado al peronismo.

La reunión en la sede de la calle Matheu la calificó uno de sus asistentes como la única que se recuerde del Consejo Nacional en la cual se haya dado un debate con el titular del partido. «Es la primera vez que voy a una reunión que no está preparada», comentó casi azorado al retirarse pasadas las 22.30, después de más de tres horas de cruces y parrafadas más cerca, es cierto, del monólogo para agradar al jefe, pero fueron lo más parecido a un debate dentro de lo que se admite en el vertical PJ.

«¿Dónde está el atril?», dijo Kirchner cuando le indicaron el comienzo de la reunión. Se levantó y caminó hacia un micrófono a un costado de la mesa principal. «Eso, esto me gusta. Hablar desde acá, desde el atril.» Las carcajadas y demás jaleos no habían comenzado allí. Antes, lo había frenado a Alberto Fernández, cuando el jefe de Gabinete encendió su notebook y comenzó a teclear buscando el archivo del power point con que mortifica a todos los asistentes a sus reuniones. Ese material es una serie de cuadros proselitistas que describen las lindezas del gobierno y las malezas de los ruralistas y demás opositores.

«No, ministro, por favor. ¡Otra vez el power point no, no!», exclamó Kirchner. Como vio enrojecerse al jefe de Gabinete, agregó: «Alberto, creo que interpreto la opinión de la mayoría de los compañeros si le pido que no nos dé la clase de nuevo, ya la conocemos». Fernández se recogió sobre sí mismo con una sonrisa de compromiso, el gesto con que responden los funcionarios a las gastadas del santacruceño.

Kirchner dedicó un largo párrafo desde el atril a llamar a los integrantes de la cúpula del partido a que no admitan ninguna forma de diálogo que debilite la estrategia del gobierno. «¡Paciencia oriental! ¡No rendirse! No darles el gusto. Acá hay que insistir en que ésta es una pelea por la redistribución.» «¿Hasta cuándo?», lo interrumpieron. «¡Hasta que se rindan! Esto termina cuando se empiecen a aplicar las medidas que ha tomado el gobierno. No tienen otro remedio, no tienen otra salida, se van a rendir ellos. Ese es el final de la pelea.»

Semejante llamado a la dureza lo completó con la convocatoria a una megamovilización el 20 de junio en el Monumento a la Bandera. «Que quede claro, va a ser un acto institucional, del gobierno, pero el partido tiene que emplear todos sus recursos para apoyar al gobierno en ese acto. ¿Cuánta gente? ¡Más de lo que llevaron ellos el otro día! ¿O el partido no puede movilizar más gente?»

Después de atornillar este argumento, dio la palabra a los presentes, que no podían creer tamaña magnanimidad de alguien que hizo de la mordaza el uniforme partidario. Los primeros que hablaron cobraron. Primero de todos, Hugo Moyano, que masticando las palabras, se franqueó sin tutearlo a Kirchner: «A veces me pregunto si la estrategia del gobierno es la más acertada, si lo que llevan adelante es lo mejor para superar el problema». Kirchner no lo dejó terminar: «Claro que es la mejor, no tengan duda, por eso vengo a pedir el apoyo de ustedes».

Felipe Solá, a quien todos reconocen como el único que sabe en el oficialismo hacia adónde y por qué crece el «yuyito», eligió bien las palabras: «No sé si tengo las dudas de otros compañeros, pero advierto que en la gente hay angustia, que también hay hartazgo». Kirchner le respondió: «No es tan así, hay que ver con quién se habla. Me sobran encuestas que dicen que la mayoría de la sociedad respalda la posición del gobierno. Hay que ver a veces con quién habla cada uno». La gente, agregó, «está cansada de los cortes y de las protestas, eso también sale en las encuestas».

Otro que pidió aclaraciones al ex presidente fue el intendente de Rafaela, Omar Perotti, a quien algunos saludan con más cariño desde que se enteraron de que puede ir al gabinete nacional en la primera de cambio. «A mí me toca hablar con la gente de mi pueblo y veo que las medidas del gobierno se concentran en soja, soja, todo soja. Y está la lechería, la carne. Ahí se puede hacer mucho y lograr mejores apoyos del gobierno.» «Se hace, se hace, no se haga problema intendente», lo consoló este Kirchner desconocido por el aire dialoguista y chancero que la mayoría no le había visto nunca mostrar en público.

  • Autocrítica

    La reunión, distintas de otras anteriores del PJ, sí cumplió con un ritual, la autocrítica de todos por la mala comunicación del gobierno. «Sí, tienen razón -admitió el ex presidente ante las quejas de varios asistentes-, somos malos cuando comunicamos. Pero eso siempre le pasó al peronismo, por eso vengo a pedirles apoyo.»

    La cumbre tuvo una sola interrupción, cuando Kirchner les indicó a Daniel Scioli, Jorge Capitanich, las diputadas Beatriz de Alperovich, Graciela Giannettasio y algunos más a que salieran a saciar a los movileros que esperaban afuera. Scioli tomó de nuevo la vocería para transmitir un discurso distinto del que se había escuchado adentro: llamó a que el campo levante las medidas cuanto antes y que entonces recién habrá diálogo. Calculado ese doble discurso del gobernador frente a la dureza que reclamaba el ex presidente de puertas adentro. Se perdieron el show, entre otros, Juan Carlos Romero y Jorge Busti -enviaron cartas de disculpa- y también algunos entornistas calificados de Kirchner, como Sergio Massa y José Pampuro. Ausentes con aviso, los gobernadores Luis Beder Herrera (La Rioja), Celso Jaque (Mendoza) y José Luis Gioja (San Juan), de viaje por México. Nadie explicó por qué no estuvieron Mario Das Neves (Chubut), Walter Barrionuevo (Jujuy) ni Oscar Jorge (La Pampa), que se privaron de este debut y despedida del Kirchner dicharachero.
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