1 de febrero 2002 - 00:00

Entre la "plaza del sí" y el temor al "baño de sangre"

Casi todo el entorno de Eduardo Duhalde contraindicó la idea de realizar una especie de «plaza del sí» de alto riesgo para el gobierno y para el propio presidente designado. Duhalde mismo, el miércoles por la mañana, se había inclinado por suspender el acto pero, al mediodía, presionado por intendentes del conurbano que comanda el metalúrgico Hugo Curto, se resignó a realizarla. Ese día, por la tarde, instruyó a José María Díaz Bancalari para que organizara a los legisladores que responden al duhaldismo de tal manera que aportaran gente al acto. A última hora de ayer, después de haberla bendecido ante un grupo de funcionarios del equipo económico, dio de baja la iniciativa. Idas y vueltas casi delarruistas.

• Razones

Esta ambivalencia de Duhalde y de su equipo y el desenlace de suspender el acto responden a varias razones, entre ellas algunas contradicciones del gobierno:

La primera es el desafío que planteaba la realización de ese acto al orden público, advertencia insistente del Ministerio del Interior y de la SIDE, ayer, a la Presidencia. En los principales despachos del gobierno se analizaba ayer, con mucho temor, la hipótesis de que simultáneamente o después a la manifestación de los movilizados del conurbano se desate un cacerolazo de repudio al gobierno superior a los anteriores y muy difícil de dominar. El temor de estos funcionarios y consejeros de Duhalde (casi todo su gabinete) era lógico: la misión del gobierno -sobre todo por tratarse de un gobierno de transición-debería ser tranquilizar «la calle», no enloquecerla con nuevas facciones que salen a expresarse, sea en contra o a favor del gobierno.

La segunda razón de la indecisión de Duhalde tiene que ver con la identidad misma de su administración. El se define como un presidente de emergencia, que resigna cualquier ambición personal de poder y que, lejos de toda bandería, «se debe a todos». Por eso renunció a los cargos partidarios que ejercía. Pero, ahora que Curto y su liga de intendentes le impusieron la manifestación, quedará como el jefe de una facción que, directa o indirectamente, sale a las calles a enfrentarse con otro sector de la sociedad.

Una estrategia muy diversa de la que supone un gobierno pluralista. Hasta ahora el oficialismo buscó desviar la protesta hacia blancos distintos de la Casa Rosada (los bancos, la Corte, etc.). Ahora que buscó respaldo en un sector, es posible que terminara provocando la reacción no querida de obtener un rechazo explícito, abierto, imposible de ser desviado en el otro, que se sentirá incomprendido o desafiado en su descontento. El error de Duhalde se hubiera extendido más allá: ¿por qué elige encerrarse en un sector de la sociedad y, al mismo tiempo, reclamar a obispos y a las Naciones Unidas una operación de consenso que evite la fragmentación. ¿Qué hubiera opinado monseñor Jorge Cassaretto de estos impulsos de su amigo el Presidente? Anoche el propio Duhalde retornó en sentido contrario a esos impulsos: «Tenemos que hacer como Perón y demostrar cuánta gente está de nuestro lado». Claro, Perón gobernaba así en los '50 y ganaba elecciones por más de 50% de los votos.

Ambigüedad

Duhalde mismo es presa de una ambigüedad que no se alcanza a superar con «la plaza». Soñó en 1999 ser presidente por los votos y le tocó serlo por «el aparato» del PJ y la UCR bonaerenses. Retocar esa imagen con manifestaciones organizadas no atenúa ese déficit. Acaso lo hubiera exagerado si es que aparecían los camiones, las monedas y los tetrabrik que desde hace años utilizan los dirigentes bonaerenses para movilizar a sus «seguidores» políticos, convertidos en «empleados por horas».

La manifestación revela, además, una faceta controvertida del duhaldismo: su dependencia casi incondicional de la liga de intendentes del conurbano que se expresa a través de Curto. Fueron también esos intendentes, estimulados por Hilda Chiche de Duhalde, los que lo forzaron al senador a convertirse en presidente. Sin embargo ayer, por un momento y acaso por primera vez, el Presidente logró zafar de ese cepo bonaerense.

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