Es dura y casi ruptura la carta del Vaticano
Reconoce para las Fuerzas Armadas a monseñor Antonio Baseotto como «su pastor» • Exige claridad sobre alcances del decreto que suprime al capellán • Podría declarar al Obispado Castrense «sede impedida» (como han sido China, Rusia, Polonia y México).
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Antonio Baseotto
Trascendió también que si el gobierno nacional no resuelve la cuestión de cuáles son las actividades permitidas al purpurado, la Santa Sede podría considerar al Obispado Castrense «sede impedida» -una figura contemplada en el derecho canónico-. Equivale a la calificación de países con persecución religiosa como lo han sido en su momento Polonia, Rusia, China o Cuba.
Los términos de la esquela y las repercusiones en el ámbito local se traducen, para allegados a la Iglesia argentina, en una demostración férrea del tironeo entre la Conferencia Episcopal Argentina y el gobierno de Kirchner. «Algunos miembros del Episcopado quieren pasar a la historia como los primeros opositores a Kirchner, y viceversa», confió una alta fuente ligada a la Nunciatura.
La segunda parte de la carta, la que está dirigida a la Vicaría Castrense, está expresada lógicamente en términos más espirituales y entre sus conceptos pide «paciencia por la situación en la que se encuentra su pastor».
Invita a sobrellevar esta situación «con espíritu de sacrificio» y hace alusión a una histórica retórica de persecución: «El Señor nos dará la fuerza para sobrellevar estos momentos, debemos estar unidos».
A juzgar por los altos decibeles que el tema ha ido adquiriendo en los últimos días es de esperar que el conflicto se profundice a medida que pasan las horas. «A esta altura lo único que puede terminar con esto es la partida del anciano Pontífice», sentenció la fuente.




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