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Nadie cree que sólo exista poesía tras la inspiración oficial a este frente piquetero, tan organizados que se presentarán ante la prensa, en un 4 estrellas, con exponentes mediáticos (personajes tipo Luis D'Elía) y para que toda la sociedad se entere de que hay gente operativa para respaldar al gobierno. Como si a la administración no le alcanzara con los apoyos que, en silencio y según las encuestas, le concede la mayor parte de la sociedad. ¿Será que Kirchner no cree ya en los sociólogos del mercado del sondeo que le aseguran confianzas abrumadoras e irrestrictas?
Tal vez uno piense que el mandatario es demasiado previsor y, ante futuros menos agradables, pretenda disponer de estas fuerzas favoritas para que lo vitoreen. O, lo que tampoco es desdeñable, la creación de estas estructuras oficialistas puede significar un propósito defensivo del gobierno para enfrentar las conspiraciones que hoy supone que están tramándose en su contra. Por supuesto que la gente, piqueteros o no, puede reunirse y consagrarse a la figura que desee; pero, en esta ocasión, el armado de estos grupos con fines determinados, al margen de no ser espontáneos ni gratuitos, tampoco parece una expresión democrática.
Más que protección a un gobierno en particular y, casi con seguridad, apañados -financiera o ideológicamente-por un Estado que se supone de todos, lo que hoy se lanzará en el Castelar semeja un instrumento de intimidación o amedrentamiento contra algunos sectores de la sociedad, casi en paralelo con aquellos que sueñan con una policía o una inteligencia propias. No condice este espíritu con la democracia, menos con un país desarrollado. Más bien, la creación de escuadrones de estas características apunta a experiencias del subdesarrollo o de otros sistemas que mejor no vale recordar.
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