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Se entiende que alguien con estos antecedentes financieros se haya reservado para sí la administración de los fondos en la SIDE. Sonia Fornacero, la encargada de manejar esos recursos secretos -de tan cuestionables destinos-por encargo de Kirchner, tenía orden expresa: «Sólo Larcher puede pedir y manejar plata».
Esa orden implicaba una responsabilidad de poder, tanto para Fornacero como para Larcher: una señal que todo el entorno del gobierno supo leer.
Desde aquella comisión, Fornacero llegó a la SIDE y debió asistir a un conflicto estridente. Fue el día en que el titular del organismo, Héctor Icazuriaga, pidió un dinero, por ser la máxima autoridad del organismo. «Tengo orden de sólo darle plata a Larcher», le contestó la contadora, angustiada por contrariar a su jefe, quien presuntamente autoriza el destino de los fondos. Icazuriaga, con lógica, perdió los estribos y mandó a redactar una resolución abriendo la caja también para él.
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