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Esa ley se sancionó en la última sesión del Senado y se comunicó al Poder Ejecutivo formal-mente el viernes 27 de diciembre. Eso indica que los diez días hábiles para promulgarlo vencen el 10 de enero próximo. No interesa tanto esa formalidad, que se verifica de hecho cumplido ese lapso, sino los vetos que hará el gobierno a artículos que cree inconvenientes en el nuevo presupuesto.
Los legisladores no insistirán con esa norma -requiere 2/3 de los votos de cada cámara-; la incluyeron como una manera de cumplir a la letra con lo que creen quieren sus votantes en las provincias y con ese gesto esperan haber cumplido.
• Salto Grande
Un segundo veto que parece asegurado es al artículo que deriva la totalidad de las regalías que cobra Nación por la venta de energía de la presa de Salto Grande a las provincias de Misiones, Corrientes y Entre Ríos. Este viejo reclamo de las dirigencias de esas provincias ha sido ya antes objeto de leyes y de respectivos vetos. Lavagna ha convencido a Duhalde de que es inviable en este momento que la Tesorería resigne los recursos que vienen Salto Grande. Habrá quejas enfáticas de las tres provincias, pero no 2/3 de los votos para imponer ese mecanismo.
Anoche Atanasof aclaraba que el tema presupuesto sería tratado hoy sólo en caso de que algún ministro o secretario lo plantee. Es seguro que varios lo harán. Todos los funcionarios saben que el Presidente tiene que firmar en la próxima semana el llamado « decreto distribuidor», una norma clave que describe el destino real y efectivo de cada peso que gasta el Estado.
Esa reglamentación del presupuesto es casi un secreto de Estado al que acceden muy pocos porque narra quién se lleva cada partida y es el resultado de una tarea que es responsabilidad del jefe de Gabinete: distribuir y redistribuir partidas en detalle a cada repartición del Estado que en la sanción del Congreso tiene un destino distinto o que está descrito de manera genérica.
Todos los años este reparto del presupuesto es motivo de largas y agrias discusiones dentro del gobierno. Algo que este año se multiplicará hasta ocupar el centro del debate político: los ministerios hicieron el cálculo de sus gastos en el proyecto original con la idea de que se votaría una partida de $ 3.500 millones sin destino y guardada para el nuevo gobierno. Nadie creyó esto último y todos esperaban avalanzarse sobre ese tesoro para aumentar su gasto.




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