9 de mayo 2003 - 00:00

Exagera Kirchner (y Lula) que se cree ya presidente

Néstor Kirchner consiguió ayer la fotografía que certifica la bendición de Luiz Inácio Lula Da Silva para el ballottage del domingo 18. El mandatario brasileño lo trató casi como a un presidente electo y le prometió estar en Buenos Aires el 25 de este mes para el acto de asunción. Kirchner correspondió dejando un fuerte compromiso con el Mercosur.

Exagera Kirchner (y Lula) que se cree ya presidente
-Bueno, ya está todo dicho, lo veo entonces el 25 de mayo en su asunción en Buenos Aires.

-Perfecto. Además le confirmo que mi primer viaje al exterior como presidente será a Brasil.


Luiz Inácio Lula Da Silva y Néstor Kirchner
se despidieron ayer al mediodía, luego de las fotos de rigor, con este diálogo ayer en el salón central del palacio del Planalto, la sede del Ejecutivo brasileño, confirmando así oficialmente lo que la mayoría de los observadores ya suponía antes que los dos políticos se cruzaran ayer. Para el presidente brasileño Néstor Kirchner ya es el jefe de Estado electo y no considera ni cercana la posibilidad que finalmente Carlos Menem gane el ballottage del 18 de mayo.

Tal fue la situación, que en el epílogo de la reunión de ayer, y cuando el santacruceño volvió al hotel Kubitschek Plaza para buscar sus valijas y tomar el avión que lo llevaría a Chile, donde hablará hoy con Ricardo Lagos, y ante la pregunta sobre si habían hablado de Menem con Lula, con displicencia el argentino declaró que «sólo hablamos de las cosas importantes» de la relación y la integración comercial.

Como se preveía, el encuentro de ayer entre Kirchner y Lula tuvo más que ver con los gestos políticos que con los contenidos concretos. El argentino entró en el Planalto puntualmente a las 11 horas y a las 11.15 llegó el momento de abrazarse a Lula. Desde el comienzo se sabía que iba a ser una reunión distendida.

Fanático del fútbol, el brasileño bramó «los de River a un lado de la sala», recordando su simpatía por el Corinthians que perdió uno a cero con el equipo argentino el 1 de mayo pasado. «Yo puedo pasar porque soy de Racing», fue la rápida respuesta del brasileño.

A los dos presidentes los rodearon Roberto Lavagna y Alberto Fernández, por el lado argentino, y el ministro jefe de la Cartera Civil, José Dirceu (ex terrorista exiliado en Cuba); el titular de Hacienda, Antonio Palocci, y el vicecanciller Samuel Pinheiro Guimaraes.

Estos últimos habían cenado el miércoles en la Embajada de la Argentina, donde recordaron cuando en la década del '80 Gimaraes y Lavagna coincidieron en los primeros pasos del Mercosur cuando el ministro de Economía era secretario de Industria. Luego, en los '90, Guimaraes fue expulsado de Itamaraty (la cancillería brasileña) por el canciller Celso Lafer por decir en un «paper» oficial que el adherir al ALCA implicaría «subordinarse a la política económica de Estados Unidos». Finalmente Lula lo reincorporó como figura central de su plan de política exterior junto con el ministro Celso Amorim que sintonizó con el « paper» de Guimaraes.

• Convicciones

De entrada, Kirchner dijo lo que Lula quería escuchar. «Se terminaron las relaciones carnales, llegó la hora del Mercosur solidario», declaró el argentino para completar que ésta no es una posición de campaña ya que «no voy a dejar mis convicciones en la Casa de Gobierno», una frase que el brasileño repitió varias veces antes de ser elegido jefe de Estado.

Kirchner
restó importancia a la opinión de algunos politólogos que aseguran que un Mercosur como el que se proyecta implicaría asumir un liderazgo definitivo de Brasil en la región. «Sería un retroceso discutir eso», dijo el candidato, además de asegurar que se trata de una frivolidad y llamó a pensar con «madurez».

Luego ingresó en la conversación un tema que
Lavagna había hablado con Palocci la noche anterior. Tanto en Brasil como en la Argentina se analizan planes y programas para evitar la apreciación de las monedas locales, sin que por ahora haya resultados positivos en ninguno de los dos países.

En esa cena, también se habló sobre la imposición del gobierno brasileño de trabar la importaciónde alimentos si no se aclara que no se trata de transgénicos.
Palocci prometió analizar el tema, que en realidad fue decidido por Lula como un reconocimiento a la ministra de Medio Ambiente, Marina Silva, una ecologista radical del ala más izquierdista del PT.

En la reunión de ayer en el Planalto, y si bien hubo un intérprete oficial del portugués al castellano, fueron
Dirceu (que aprendió el idioma en su estadía en La Habana) y Lavagna (que habla portugués como si fuera su lengua materna) los que hicieron más fluido el diálogo. Lula confesó, sin embargo, que semanalmente toma clases de español, y prometió que en menos de un año la conversación con Kirchner sería en ese idioma. Otra vez el brasileño demostró que para él el argentino ya es presidente electo.

• Sinceridad

Antes de la despedida hubo un momento para la sinceridad. Kirchner confesó que la visita fugaz de ayer fue la primera que el patagónico hizo en toda su vida a Brasil. El candidato oficial de Eduardo Duhalde nunca viajó al país vecino, ni siquiera para vacacionar en alguna de sus famosas playas.

La mañana de
Kirchner en Brasilia terminó como empezó. A la pregunta final de un periodista de la «Folha» de San Pablo sobre si va a ser el presidente, sonrió y levantó el pulgar al estilo brasileño de aprobación.

A la tarde, y luego de un almuerzo tardío en su habitación del Kubitschek Plaza,
Kirchner y su comitiva fueron al aeropuerto y volaron hacia Santiago de Chile. Hoy la gira semioficial del candidato duhaldista se cerrará con una reunión con Ricardo Lagos.

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