Expertos explican las dolencias de Kirchner
Se ha escrito mucho y presumido más sobre la salud de Néstor Kirchner sin que se agreguen más que expresiones de deseos de un lado y del otro (los que le desean larga vida al Presidente y los que se desgarran las vestiduras ante la posibilidad de que sufra un colapso que ponga el poder en otras manos). Una periodista del diario «La Capital» de Rosario brindó una útil nota donde hace un diagnóstico de la salud presidencial consultada con expertos cuyo contenido reproducimos a continuación.
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Según el experto citado por el diario «La Capital», Néstor Kirchner padece de un colon irritable del tipo diarreico, lo cual explica sus tardanzas e impuntualidades en actos oficiales.
El síndrome afecta, en rigor, a 15% de los argentinos. Políticos, empresarios y pilotos de avión se anotan entre los más proclives a sufrir este problema crónico que afecta la calidad de vida y tiene un fuerte componente emocional. En los últimos años, hombres y mujeres relacionados con la política, entre ellos ex ministros y funcionarios de primera línea, escucharon el mismo diagnóstico.
«Las personalidades competitivas, perfeccionistas, exigentes, sometidas a altos niveles de exposición y rendimiento son candidatas al colon irritable», dice Silvia Bernstein, psicóloga clínica y autora del libro «Usted puede dejar de sufrir, soluciones para convivir con el colon irritable». Pero ¿de qué se trata en realidad? ¿Por qué se habla poco de este problema si afecta a tanta gente? «A nadie le gusta estar comentando sobre sus esfínteres y menos si están en el poder», dispara Bernstein, quien señala que «sacar a la luz este tema es positivo porque puede ayudar a muchos que padecen en silencio».
«La mayoría de las veces son los mismos pacientes los que insisten en chequear y volver a chequear que no tienen nada malo», comenta el médico y profesor de la UNR. Y añade una aclaración tranquilizadora: «Hay que dejarle claro a quien recibe el diagnóstico de colon irritable que de esto no se va a morir». No obstante, «probablemente el problema lo acompañe a lo largo de su vida con períodos mejores y otros no tan buenos».
El temor, la angustia, el estrés, la ansiedad, están fuertemente relacionados con este síndrome. Por lo tanto, si quien lo sufre no está debidamente contenido, pueden profundizarse los síntomas. De hecho, la derivación a la consulta psicológica es alta entre este tipo de pacientes, comenta Rufinengo.
«La del Presidente debe ser una modalidad diarreica, de ahí las llegadas tarde, las impuntualidades», dice otra de las fuentes especializadas consultadas por «La Capital» que prefirió mantenerse en reserva. El mismo especialista sugirió que el saco desabrochado del Presidente puede obedecer a las constantes distensiones y molestias abdominales: «Tal vez no sea sólo una cuestión estética», agrega.
Aunque hay diversos grados de malestar, es común que la persona con colon irritable viva en un estado de permanente vigilancia y vergüenza. Bernstein cuenta que «hay muchos que no quieren ni salir de su casa, porque están todo el tiempo pendientes del baño y la pasan realmente mal».
Por eso, más allá del tratamiento médico que suele incluir medicamentos, dieta y ejercicios físicos, se hace necesario el apoyo psicológico. «Intentamos bajarles el nivel de estrés, el grado de exigencia excesiva, el susto; buscamos llevarlos a una situación en la que puedan volver a disfrutar», dice Bernstein que por estos días le envió un ejemplar de su libro al mismísimo Kirchner.
Aunque se cuida de no opinar del cuadro que afecta al Presidente, Bernstein dice que «una persona que tiene una agenda completísima y una vida pública lo debe sufrir el doble; los pacientes aseguran que no pueden dejar de sentir sus vísceras. ¿Se imaginan cómo la puede llegar a pasar el hombre más expuesto del país?».
«Una cosa es lo que tuvo Menem en su carótida que, una vez resuelto, más allá de su gravedad, dejó de ser un problema en sí mismo; esto, lo del intestino, es algo crónico que afecta a la vida cotidiana», señala la especialista.
Para alivio de los afectados, se sabe que con un seguimiento médico correcto y el apoyo psicológico necesario en muchos casos, el problema se puede pilotear sin que se transforme en una tortura.
Por si quedan dudas, Bernstein remarca que el síndrome de colon irritable no es una somatización ni un problema de hipocondría, sino que existe «una zona lábil con una sintomatología específica y esto puede ser tratado».




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