El 26 de abril de 2002, Roberto Lavagna disputaba con Guillermo Calvo el cargo de ministro de Economía luego de la salida de Jorge Remes Lenicov. Mientras al hombre del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) lo respaldaba casi toda la comunidad de economistas (tanto liberales como estructuralistas) y algunos gobernadores del justicialismo, Lavagna sólo tenía el padrinazgo de algunos sectores bonaerenses que habían encumbrado a Eduardo Duhalde al poder, como Raúl Alfonsín. Fue éste el que convenció definitivamente al jefe de Estado designado de volcarse por Lavagna en lugar de Calvo, un hombre con más prestigio entre el gremio de economistas locales.
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El 26 a la noche, la decisión le fue comunicada al nuevo ministro a Ginebra y el 27 llegó a Ezeiza. En el aeropuerto internacional, sólo lo esperaban algunos periodistas y un funcionario oficial que respondía a la Cancillería argentina: el diplomático de carrera Leonardo Costantino, un joven de entonces 32 años que no lo conocía, que lo condujo hacia Olivos y que -curiosamente-terminaría acompa-ñándolo durante sus primeros días como ministro. En esas horas, le resultó realmente difícil a Lavagna encontrar voluntarios para que se sumaran a su gestión, que para esos momentos generaba pocas expectativa de éxito. Sólo pudo reclutar a un puñado de fieles, entre ellos Guillermo Nielsen,Oscar Tangelson y Federico Poli, además de Costantino, que personalmente decidió acompañar a Lavagna y dejar Relaciones Exteriores. El otro hombre clave era Jorge Sarghini, que llegaría a la Secretaría de Hacienda, pero por orden de su jefe directo, Eduardo Duhalde, y sin conocer a Lavagna.
A fines de mayo, Lavagna ya estaba consolidado en Economía y debía avanzar en la conformación de su equipo definitivo. Tomó así una decisión que se repetiría. No llamaría a ninguno de los economistas clásicos que en un primer momento no quisieron acompañarlo, e intentaría una renovación total. «Quiero gente como Costantino: joven, nueva y que no tenga vicios anteriores», reflexionó Lavagna con una frase que luego tomó como referencia en 2003 cuando, ya absolutamente consolidado, formó un equipo para que lo acompañe durante la gestión de Néstor Kirchner. Ni siquiera llegaron los hombres de Ecolatina, la consultora que él fundó durante los '90. Lavagna formó así un círculo interno en el que trabajan todos técnicos sin mayor protagonismo en el pasado, y en su mayoría menores de 45 años. Entre otros, trabajan cerca de Lavagna los siguientes economistas:
• Leonardo Madcur. Hijo del empresario de la construcción Munir Madcur, desde la Secretaría de Coordinación Técnica, es uno de los que elaboran la propuesta de reestructuración de la deuda externa, negocia parte de las cuestiones financieras con el FMI y analiza las operaciones de fusiones y adquisiciones de empresas.
• Miguel Pesce. Por recomendación de Guillermo Nielsen, este ex secretario de Hacienda del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires tiene hoy a su cargo la relación entre Economía y el Banco Central. Habla diariamente con Lavagna para describir el comportamiento del sistema financiero, la situación del dólar y la de las entidades bancarias. Lentamente, también comienza a tener injerencia en la reestructuración de la deuda, rubro que Pesce conoce de cerca al haber negociado una quita de 30% en el bono Tango.
• Sebastián Palla. Es el más joven (tiene 30 años) y ocupa el cargo de subsecretario de Financiamiento. Trabaja junto a Nielsen en la propuesta de reestructuración de la deuda y viaja por el mundo presentando las bondades de aceptar la quita propuesta por Economía.
• Federico Poli. Ex economista jefe de la Unión Industrial Argentina, es hoy subsecretario de la Pequeña y Mediana Empresa, además de uno de los asesores a los que Lavagna más confianza le tiene. Es el responsable de enviarle diariamente datos industriales que luego el ministro utiliza para sus declaraciones públicas y para defender sus teorías sobre reactivación económica. Poli también sirve de vínculo e intérprete entre Lavagna y empresarios de primer nivel.
• Carlos Mosse. Es el de más experiencia, pero siempre con un perfil bajo. Hoy es secretario de Hacienda y tiene la virtud de mantener relaciones estrechas al mismo tiempo con Kirchner, Duhalde y Lavagna a la vez. Diariamente, prepara un informe de cuatro carillas que es enviado al despacho presidencial, donde figuran la marcha de la recaudación, los gastos y las variables fundamentales de la macroeconomía y del sector financiero.
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