La ironía tiene una ventaja sobre la crítica: se la recuerda más.
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La crisis de las papeleras han estimulado la imaginación de sus críticos. Los más sofisticados acuden al humor internacional y juegan con frases en inglés, pero el humor popular se expresa a través de la murga, como no podía ser de otra manera en Gualeguaychú, el lugar donde se festeja el carnaval de manera más intensa.
Una de las estrofas del canto murguero dice: «La celulosa no mata al pueblo.
Y a los pescados les encanta. Los bichos se desestresan. Mirá cómo hacen la plancha. Quietitos y panza arriba, mirá cómo descansan.»
En otra parte, muestran a pleno el humor popular cuando ridiculizan cómo será la vida después de las papeleras: «Rumbeando para Fray Bentos, de alpargatas y escafandra, qué lindo es volver al pago y encontrarse con la planta pa' sentir olor a humo que las chimeneas largan, pa' hacerles fiesta a los perros con pescuezos de jirafa y a esos viejitos divinos bien cargaditos de escamas con tentáculos y branquias amargueando la mañana.
Qué lindo es volver al pago pa' ver las vacas que pastan como la vaca de Milka, violeta con manchas blancas, y jinetes con caballos visibles para los coches porque tienen pelo verde que brilla cuando es de noche.»
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