Conmueve tanto realismo y sinceridad en Rafael Bielsa. Anoche, en uno de sus monólogos todavía sin publicar, señaló que «la función pública es bastante embrutecedora, anquilosa el pensamiento». Más, hasta reconoció la conveniencia de retirarse del cargo -«e ir a jugar con mis hijos»- para salvarse de esa degradación cultural que lo asedia y domina. Se desconoce si ese fenómeno de reducción proviene de una experiencia personal y única, sea por lo que él observa en sí mismo que padece o por el proceso devaluatorioque él reconoce a su alrededor, sea en la Casa Rosada, en colegas de función o en la misma Cancillería. Casi un descubrimiento esta apreciación ya que, generalmente, uno entendía que el ejercicio del poder -y de la función públicamejoraron el pensamiento en lugar de anquilosarlo a Churchill o De Gaulle, por ubicar personajes y ejemplos lejanos. Si hasta es posible pensar en algún peronista -¡están en la administración pública desde 1945!- que haya mejorado su cultura (y enriquecido, seguramente) por el mero trámite de haberse estacionado un tiempo en el gobierno.
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De ahí que a uno lo enternece esta confesión del canciller, más cuando revela en otra respuesta ese estadio de progresivo embrutecimiento, impensable en un Bielsa de otros años, medianamente librepensador. Cuando lo interrogaron sobre si sería candidato a diputado, contestó con independencia de criterio: «El hombre propone y Kirchner dispone». Informate más
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