La precisión del dato, tan bonaerense, taladró la conciencia de los Duhalde. «Preguntale a Fotios, cómo le fue con los personajes que acabás de incorporar», le dijo al Presidente un sindicalista de La Plata, la semana pasada, cuando lo visitó la CGT. Duhalde inquirió, sobre todo porque conoce a Fotios Cunturis, veterano gremialista de AERI, la Asociación de Empleados de Rentas e Inmobiliario, que nuclea a empleados públicos de la provincia que él administró durante 8 años.
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Le contaron al mandatario la historia, que arranca con la madre de «Lupina», como cariñosamente llaman a Cristina Kirchner, la esposa del gobernador. «Vivían en Ringuelet, cerca de La Plata, y la señora trabajaba en AERI. Como la chica era despierta y estudiaba derecho, la emplearon en el gremio. Al cabo de unos meses llevó a su 'filito', 'Lupín' (Néstor Kirchner), que cursaba con ella en la facultad.» Tradición gremial y peronista de nepotismo a la que han adherido con contumacia los Kirchner.
El cuento hacía cabecear a Duhalde, no lo distraía. Hasta que quedó involucrado: «Un día, el pobre Fotios que les había dado trabajo, advirtió que la parejita le había armado una lista en contra y que cada vez que venía un delegado por un trámite se lo daban vuelta. Lo traicionaron y le quisieron destruir la organización. Todavía los recuerda el pobre Fotios que tuvo que apelar a toda la artillería del sindicato para sacárselos de encima».
Al Presidente no le gustó el episodio, sobre todo porque parece un espejo que adelanta. Sobre todo cuando, en broma y con cariño, en vez de llamarlo «Negro» le dicen «Fotios».
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