El pánico se había desatado en el gobierno uruguayo una semana atrás. Nadie, ni siquiera la izquierda o los sindicatos de ese país, quería saber nada con recibir piqueteros argentinos en una acto en la Plaza Libertad -pleno centro de Montevideo- para participar en un acto de la Unión de Trabajadores Desocupados del Uruguay, que terminó reuniendo menos de 200 personas. La idea de cruzar el Río de la Plata había surgido antes, cuando Nina Peloso -esposa de Raúl Castells- planteó la necesidad de exportar el movimiento piquetero a una red latinoamericana. Con este antecedente, funcionarios del gobierno de Jorge Batlle ya les habían dado el alerta a las fuerzas de seguridad para prevenir protestas callejeras.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
La manifestación terminó con un fracaso total del poder de convocatoria de Pitrola en Montevideo por la bajísima concurrencia y un repudio general, pero preocupó al gobierno el antecedente de un nuevo tipo de exportación argentina. «Primero nos enviaron la crisis financiera y, ahora, a los piqueteros que no tienen nada que ver con la realidad uruguaya», decían los funcionarios. Daniel Borrelli, ministro del Interior, se diferenció claramente de las técnicas que se utilizan en la Argentina para contener la violencia política en las calles: «La Policía estará atenta ante el posible surgimiento de protestas callejeras similares a las de la Argentina».
Pero quien tomó la bandera contra las protestas fue el candidato a presidente de Uruguay por el Partido Colorado, Guillermo Stirling, que capitalizó todo el rechazo a las manifestaciones callejeras no sólo de Uruguay, sino también en la Argentina: «Estoy preocupado por la participación de Pitrola en un acto, sobre todo cuando uno observa lo que ha significado el movimiento piquetero que atropella los derechos de las personas.Es toda una acción que significa un desconocimiento total a un sistema de derecho y de garantía de los ciudadanos», dijo ayer. «Es preocupante que vengan de laArgentina a establecer bases de lo que pueda ser una red de contactos y coordinación piquetera», agregó.
• Respuesta
Pitrola le contestó: «Al candidato presidencial lo que le molesta es que se organicen los desocupados de Uruguay. Denunciamos la escalada represiva del gobierno argentino no sólo contra el movimiento piquetero, sino también contra todas las luchas populares, algo que pareciera repetirse aquí», dijo.
En el acto de Plaza Libertad estuvieron presentes también algunos sindicatos opositores, pero con mínima representación. Por el contrario, fue ignorado por la izquierda, que será progresista, pero no está dispuesta a comprarse un fenómeno fuera de control como el de piqueteros en laArgentina, y por la Central Unica deTrabajadores de Uruguay -una suerte de CGT local, pero con una integración ideológica diferente-, liderada por Juan Castillo. Más verticalista aún que los sindicalistas argentinos, protestó por la visita de Pitrola y su intromisión en el negocio gremial en Uruguay: «El movimiento popular aquí tiene características unitarias, y los intentos de crear movimientos populares paralelos no tienen ni tendrán éxito», dijo.
Dejá tu comentario