Aníbal Ibarra intentará acercarse mañana un paso más a la conducción del Frepaso, en reemplazo del autoexiliado Carlos Chacho Alvarez. Será durante una cumbre de la mesa nacional del Frente Grande que deliberará -es una forma de decir-en la sede del Centro de Legisladores que funciona en un penthouse de la calle Bartolomé Mitre, a 2 cuadras del Palacio del Congreso y a prudente distancia de los movileros que deberán esperar en la vereda.
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En este club de mandatos cumplidos funciona una parrilla que resultará efectiva a la hora disuadir a quienes vienen del interior con ánimo de polemizar y discutir el rumbo de la fuerza. Al menos, los que viajen no tendrán que agregar una vianda al equipaje, lo cual -en tiempos de crisis-no deja de ser una buena noticia y puede que compense la falta de intercambio de opiniones. Estratégicamente, la cita quedó establecida para las 12 de mañana.
Este plenario -que sumará a los caciques de todos los distritos y las autoridades de bloques parlamentarios-preparará el temario del Congreso Nacional del Frente Grande, previsto para la primera quincena de julio y destinado a reordenar la interna. Tienen muchas cuentas pendientes, entre otras, quiénes heredarán a Alvarez en el gerenciamiento del sello Frepaso, intríngulis que no pudieron resolver en dos «brain storming» consecutivos en la Casa del Frente.
• Respaldo
En menos de 2 años, los chachistas presenciaron el ocaso de la única figura que podía disputar el liderazgo doméstico --Graciela Fernández Meijide-; la llegada al poder de la mano del radicalismo, varias diásporas por izquierda ( Alfredo Bravo y los socialistas, por un lado, y Alicia Castro y el Frente para el Cambio, por el otro), consecuencia del traumático cambio de oposición a oficialismo; y un par de renuncias de Alvarez, que terminó abandonándolos, al menos públicamente, después de haber manejado el partido de manera absolutamente personalista. En ese lapso, no hubo ninguna catarsis de entrecasa. Ahora, sin Chacho, parece que se abren tímidamente las puertas al debate. Con el respaldo de los intendentes del conurbano y de sus huestes porteñas, el jefe de Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires aparece con grandes chances de ser coronado en la presidencia del Congreso. Ese cargo, hasta ahora, correspondía sin discusión a Chacho o quien él nominara. Obviamente, las sesiones del cónclave partidario se limitaban a largos monólogos del líder. Sus discípulos pretenden socializar el privilegio entre los incondicionales, Darío Alessandro, Juan Pablo Cafiero o Rodolfo Rodil.
Los jefes comunales del conurbano Alejandro Sabbatella (Morón), Edgardo Di Dio (Lomas de Zamora), Oscar Laborde (Avellaneda), mantienen una alianza táctica con Ibarra, con quien comparten la responsabilidad de desempeñar puestos ejecutivos, algo desconocido para el Frepaso hasta diciembre del '99.
El almuerzo con sobremesa redundará en previsibles definiciones contra la posibilidad de compartir boletas con el cavallismo en los comicios de octubre. Puede que, en este rubro, haya una novedad: que algunos referentes del interior, por caso el cordobés Horacio Viqueira, pidan permiso para prescindir de la UCR en los comicios provinciales. Quizá sea una forma de anticiparse a la falta de voluntad del poderoso radicalismo mediterráneo de ceder lugares en las listas a la debilitada sucursal del Frepaso.
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