Es fatal que el peronismo, una vez que alcanza velocidad de crucero en el gobierno,comience a agotarseen peleas internas. Ni los alardes de dominio total que el Presidente hace por sobre sus subordinados de la administración alcanzan para que, como en la década anterior, buena parte de la agenda de los funcionarios se ocupe en peleas internas. Veamos algunas muestras.
La previsible ausencia de Alberto Fernández mañana en el recinto de Diputados para brindar su informe como jefe de Gabinete no tomó por sorpresa ayer a ningún bloque opositor. Acostumbrados a meses sin recibir al funcionario que debe cumplir con el mandato constitucional de informar al Congreso -no sólo en este gobierno sino también en los anteriores- los diputados daban por sentado que a último momento alguna excusa aparecería para suspender la visita. Pero eso no significa que la bronca por el faltazo no haya explotado en todos los bloques, incluso en muchos kirchneristas que se habían reunido hace una semana con Fernández para ultimar los detalles del informe.
El contenido al que quiere acceder es exclusivo para suscriptores.
El jefe de Gabinete viajará ese día junto a Néstor Kirchner a Brasilia para participar de la cumbre con Luis Inácio Lula da Silva y Hugo Chávez, pero ni siquiera ese dato les fue avisado a los diputados a la hora de suspender. Un escueto comunicado de Alberto Balestrini les informaba que «problemas de agenda» del Ejecutivo hacían imposible la visita.
El kirchnerismo informó, entonces, que el requisito del artículo 101 de la Constitución nacional, se cumplirá el miércoles 3 de mayo, cuando el jefe de Gabinete, se supone, sí estará en Buenos Aires.
Hasta ahí la historia de ayer, otra más dentro de la repetición de faltazos de Alberto Fernández al Congreso, habida cuenta que a pesar de tener que concurrir cada mes, el ministro no visitaba el Palacio para brindar un informe desde marzo del año pasado, cuando fue el único funcionario que se atrevió a responder a la oposición por el caso de las valijas con cocaína en los aviones de Southern Winds. Pero se suma a ese hecho que el Parlamento, tanto en su funcionamiento como en la relación con el gobierno, esté pasando por uno de sus peores momentos.
La sesión de la semana pasada, donde el Frentepara la Victoria en asociación con el neokirchnerismo del bloque Peronista Federal consagraron a Graciela Camaño como vicepresidenta tercera de la Cámara en contra de toda la oposición, sólo fue el último ejemplo de una relación deteriorada donde el oficialismo sólo consigue votar leyes cuando le sobra el número, pero está imposibilitado de lograr algún consenso.
Fernández debía responder mañana una serie de preguntas que fueron preparadas por cada bloque desde hace semanas.
Tema inquietante
En esa lista de preguntas -son centenares que el funcionario responde en parte por escrito y otras in voce en el recinto- figuran desde las causas de la suspensión de las exportaciones de carne, la marcha de las obras públicas, los planes de combate a la inflación y el manejo del superávit presupuestario.
Pero hay un tema central que inquieta más al Congreso: las dudas sobre el decreto de necesidad y urgencia con el que Kirchner creó AySA, la sociedad anónima estatal que reemplaza a Aguas Argentinas, la forma en que creó esa empresa, el capital aportado, los controles estatales y la posibilidad de que sea manejada como una virtual empresa privada pero con fondos públicos.
La ratificación de AySA pasó por Diputados sin escuchar el oficialismo la más mínima sugerencia de la oposición, no sólo a las fallas de procedimiento, sino a errores de redacción en el Estatuto de AySA, que casi rayaron la broma como citar un artículo de la Ley de Administración Financiera y Organos de Control que no existe. Todos esas deficiencias fueron minimizadas por el kirchnerismo a la luz de la necesidad de «dar continuidad al servicio».
La presión de la oposición, en especial el radicalismo que hizo un completísimo trabajo con modificaciones para corregir esos errores, creció luego en el Senado ante la imposibilidad de conseguir que el peronismo allí escuchara alguna sugerencia. De hecho la ratificación del decreto pasará hoy por la Comisión de Presupuesto y Hacienda donde se emitirá el dictamen oficial sin cambios: «No se pueden modificar porque es la ratificación de decretos», se excusa el chaqueño Jorge Capitanich.
Son sólo ejemplos de una relación entre oficialismo y oposición que nunca fue buena, en parte porque Kirchner minimiza y desprecia al Congreso, y que empeoró sensiblemente este año.
Por eso, el faltazo de A. Fernández, fuera de ser una costumbre, irritó esta vez especialmente. «Ante el desconocimiento de la facultad de iniciativa parlamentaria, propia de los legisladores, se ve en los hechos que se ha impuesto la tendencia del más absoluto hiperejecutivismo presidencial. Esta deformación patológica oscurece, no sólo a los representantes de la oposición, sino también a los propios legisladores del oficialismo ya que sólo tienen «luz verde» los proyectos emitidos por el Ejecutivo», le dijo ayer Jorge Vanossi al oficialismo.
Las críticas no se limitan al PRO o el ARI. El diputado y economista de la CTA, Claudio Lozano, no se sorprendió por la ausencia -«Este gobierno mantiene en una situación de postergación al Congreso», dijo-, pero no se privó de hacer públicas algunas preguntas que tenía preparadas: «Quiero saber por qué siete días después de que se discutió y aprobó el Presupuesto 2006 y que se rindieron cuentas por el ejercicio 2005, el gobierno hizo una operación en la cual dio seis mil millones de pesos a los bancos por una compensación».
Dejá tu comentario