El presidente mexicano, Vicente Fox, el viernes desayunó en su hotel con periodistas de perfil alto. En determinado momento dijo: «Creo que Estados Unidos ha descuidado a Latinoamérica y me comprometí ante el presidente Menem... perdón Duhalde... a hablar con George Bush».
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Fue una gaffe que en México llaman «gazapo» por error. Más allá de su subconsciente, el mandatario visitante prometió una gestión ante Bush para colaborar con la Argentina, algo en lo que fracasó el presidente de Brasil, Fernando Cardoso (no atendido por teléfono por el norteamericano cuando sobrevolaba la poco feliz intentona duhaldista de armar un «club latinoamericano de deudores», ya descartada).
En lo demás, Fox destacó de la última reunión de Monterrey que se lanzó separar de la deuda externa lo que tiene capacidad de repago -por ejemplo, un préstamo internacional para obra pública que se puede saldar con peajes-de la deuda de tipo social. En definitiva, más allá de la ilusión óptica de verlas más chicas divididas en dos partes para el mismo total, dependen ambas de las divisas que un país obtenga. Pero podría ser útil para algo que se desliza en diálogos con el país del Norte: la imposibilidad de que los países emergentes logren crecimiento con los servicios de tremendas deudas (170.000 millones de dólares la Argentina y 270.000 millones, para sólo dos ejemplos, de Brasil) y la necesidad de una quita. U otra realidad, que se levante el proteccionismo de Estados Unidos, Europa, Japón y otros a las exportaciones, principalmente primarias, de países emergentes endeudados.
Aparte, Fox, sólo diplomáticamente, declaró que mientras haya democracia de por medio Lula no importa si se encarama a la presidencia en Brasil. «Entrevisté a 4 candidatos y todos me parecieron correctos», dijo.
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