5 de enero 2007 - 00:00

Gendarmería, otro blooper oficial

Es historia conocida, pero sigue dando que hablar. La prohibición de que el círculo de oficiales retirados de la Gendarmería preste su comedor en el Barrio Norte de la Capital Federal a la peña política que anima el ex senador Antonio Cafiero se convirtió en el blooper del año en materia de prepotencia del oficialismo con su propia gente. Esa tertulia, cancelada por orden el ministro Aníbal Fernández, lo tuvo a este funcionario como orador principal el año pasado en una de las sesiones que más asistentes convocó. Fue cuando Fernández les explicó que los peronistas debían entender la nueva época que significaba Néstor Kirchner para poder ingresar a los elencos de gobierno. Cuando uno de los presentes le pidió precisiones, el ministro expuso un breviario de la deslealtad. Hay que traicionar, les quiso decir. La prohibición de esa peña, a la que asisten opositores y oficialistas del peronismo y otros partidos, es una pérdida porque ha sido uno de los pocos foros políticos de interés en una Argentina con partidos políticos desactivados y compitió honorablemente con la que organizan los radicales en Lalín los jueves al mediodía (la anima José Bielicki) o la que conducen los jueves por la noche en el Club El Progreso el propio Raúl Alfonsín. Penosa, además, como ya lo contó este diario, la causa que se esgrimió: que las sesiones recibían en alguna oportunidad cobertura informativa por este diario, especialmente en la sección de los lunes de Charlas de Quincho. Una mortificación además para Cafiero, que siempre intentó reprimir esas coberturas informativas, tanto que dedicó varios debates internos a ejercer caza de brujas sobre quienes creía eran la fuente de esas informaciones que daba este diario. Hasta llegó a circular en esa peña una lista negra de personas a las que no se debía invitar porque podían contar a este diario lo que allí se hablaba. Una zoncera y además inútil, porque nunca sabrán quién fue. Damos aquí una nota sobre este ejercicio de la censura que distribuye en estos días el sitio La Política.com.

«Para un peronista no hay nada mejor que otro peronista», solía decir el General en sus «Veinte verdades», antes de modificarla ya en el regreso de los 18 años de exilio, cuando volvió como «león herbívoro», por la más ecuménica consigna de que «Para un argentino no hay nada mejor que otro argentino».

Ninguna de los dos versiones, la original y la remixada, parecen haber calado en el espíritu del ministro del Interior Aníbal Fernández, quien, sin embargo, suele hacer gala de su «ortodoxia» peronista, supuestamente forjada en los años duros y no en éstos de alfombras y presupuestos jugosos.

Lo cierto es que como confirmó Ambito Financiero en sus sabrosas Charlas de Quincho, el tradicional encuentro que Cafiero solía encabezar en el salón del Círculo de Oficiales de Gendarmería fue vetado por el Poder Ejecutivo, rompiendo una tradición que se remonta a la presidencia de Carlos Menem y no enfrentó mayores objeciones en los sucesivos gobiernos hasta hoy.

Cafiero y otros peronistas --y no tanto-contaban siempre en sus encuentros con un « invitado especial», siempre dentrodel amplio marco del «movimiento». Esta elasticidad les permitía a los asistentes, coincidir por ejemplo con «la necesidad de reorganizar el partido de una vez», cuando el orador era Ramón Puerta, para transitar rápidamente junto a Carlos Kunkel a un enfervorizado grito a favor de «apoyar al presidente Kirchner contra los gorilas».

La sede de Paraguay 970, si bien un poco recargada de mármoles, dorados, maderas relucientes y los habituales helechos, contaba con la inestimable ventaja para bolsillos sensibles como los del bueno de Antonio de ofrecer un menú accesible por apenas 6 pesos, con el sobrio pero profesional servicio de los mozos de Gendarmería.

Sin embargo, con su paranoia habitual, la Casa Rosada empezó a inquietarse por estos quinchos, que se daban el lujo de invitar a la luz del día a políticos como el ex ministro del Interior Carlos Corach, que como se sabe le hace numerosos favores al actual gobierno, pero claro, se trata de una relación «vergonzante» que no trasciende el ámbito de la clandestinidad.

Lo que más molestaba al parecer al gobierno -coherente con su lógica de enojarse sólo con lo que «trasciende», es decir que llega al conocimiento del pueblo, o al menos de los periodistas- era que puntualmente lo allí debatido, era luego reflejado en las mencionadas Charlas de Quincho.

«¡Pero, otra vez salió Gendarmería en Ambito, hay que hacer algo!», fue la primera frase que escucho el actual titular de esa fuerza, comandante general, Héctor Bernabé Schenone. El hombre un poco incómodo no supo qué hacer frente a semejante pedido.

Pero como las presiones fueron in crescendo, finalmente entendió el mensaje y se comunicó con el responsable del Círculo de Oficiales de Gendarmería. El problema es que el titular del Círculo, elegido por el voto de todos los oficiales,era su antecesor en el cargo, el también comandante general, Lázaro Mieres.

Y resultó que Mieres, es uno de esos cada vez más raros hombres que privilegian el sentido común sobre la obsecuencia. «¿Pero cómo los voy a echar, pero si siempre vinieron, además, por qué?». Luego de la imaginable discusión, el bonachón de Mieres cortó por lo sano: «Si quieren que los eche que me manden la orden por escrito».

Y la orden finalmente llegó. Así, muy incómodo, en su próximo encuentro con Cafiero, Mieres le mostró casi compungido esa orden, según cuenta un abogado cercano al ex senador que suele hablar con algunos periodistas.

«Senador, yo ya no puedo hacer nada, hable usted con el Presidente o con el ministro», le dijo Mieres, a un atribulado Cafiero que nunca se imaginó que iba a caer en la ignominia de ser considerado un opositor.

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